Cumple in England
En fin. Que esta gente, como son ingleses y aquí los cumpleaños SÍ que cuentan, para empezar me dieron el día "libre". Entre comillas porque me tocó levantarme a las 6.25h. como todos los días entre semana (cayó martes) para llevar a la niña a Ongar que es donde coge el autobús para ir a la escuela. Pero bueno, el resto de día fue "spare time". O "off time". Ahí, haciendo cacofonías con un par de huevos, hala.
Así que, bueno, dediqué por completo la mañana de ese día a agradecer las felicitaciones que me llegaban por facebook y tuenti. Todas y cada una de ellas. Casi todas, quitando unas cuantas, de músicos amigos y/o conocidos míos. Cómo se nota la calidad, ayyy
Bueno, por la tarde me dijeron de coger abrigo, gorro, bufanda etc porque iban a llevarme a ver un monumento. Claro, yo todo intrigado, pensaba que, no sé, me iban a llevar a un puerto, a un descampado -con tanta ropa de abrigo, seguro que a Buckinham Palace no íbamos-, no lo sabía. Pero cuando íbamos para Londres en coche (y un martes, cuando de normal voy los fines de semana y en tren), recordé de que se trataba porque me lo habían dicho semanas atrás: íbamos a ver un partido de rugby. Concretamente al estadio de Wembley, al norte de Londres.
No entendía -ni entiendo, vaya- el mecanismo y reglas del juego, pero parece ser que consiste en impedir que el otro equipo llegue con el melón de año a la portería. O como se llamen los palos esos en forma de H. Y se puede impedir de la manera más rudimentaria que existe: echándose -literalmente- encima del otro para frenarlo. La verdad es que el partido me gustó bastante porque me recordó a cuando era pequeño y en la escuela peleábamos de esa manera tan primitiva y tosca que era coger del cuello al otro y pegar perchones. No sabéis lo que me reí. Y más que me reí cuando la gente del público que me rodeaba me miraba con cara extraña, jajaaj.
Pero el colmo de la risa fue en el descanso del partido. Sacaron a tres tíos del público a una especie de concurso que consistía en que tenían que chutar el melón y si daba en el palo central de la portería, le daban 250.000 libras. Hasta para los profesionales es dificilísimo hacerlo. Pues bien. Sale el primero, un tal Stewart, un tirillas de mucho cuidao, y le entrevistan. No sé yo si es que estaba el hombre nervioso o es que era gangoso, pero allí el público ya se estaba descojonando.
- What will you do with the money if you win?
- Qué harás con el dinero si ganas?
- I'll take for dinner the saracens cheerleaders.
- Me llevaré a las animadoras a cenar. (claro, aquellas allí uhh-uhh con los pompones)
- Good luck, Stewart.
Y allá que te ves al metro y medio de tío, plantando el melón en el punto y chutando. Se hace el silencio de los jajases del público y el balón va haciendo una parábola en el aire. No llega. No llega. Y va y, ÑAS!, le pega al palo! El tío que empieza a saltar y a correr como una cabra, el público suelta una carcajada al unísono flipante y las animadoras se van corriendo a por el pavo. Buah, teníais que haber visto la cara de asombro que puso -entre otros- Ian, el vecino. Casi que me dio más risa que el suceso en general. Muy absolutely descojonante.
Continuación del otro día
el otro día os contaba las peripecias del viernes y de la housewarming party de mis amigas y ahora, bueno, como lo prometido es deuda, voy a remachar la historia del fin de semana. Aquel, porque ya hemos pasado otro que igual cuento otro día. O no. Ya veré.
La housewarming party terminó oficialmente a eso de las 2.30 de la mañana porque vinieron los del council (como si fueran los municipales o una cosa parecida) y nos recomendaron el quitar la música y disolver un poquito el solaje que quedaba en la fiesta por el ruido y tal. Así que los pocos borrachuzos que quedaban por allí se fueron marchando y permanecimos al amparo de la casa las anfitrionas (que para algo viven allí), servidor y tres amigos más: un inglés que estaba borrachísimo y se quedó sopa en el sofá con lo que le hicimos cientos de fotos comprometidas con un reloj, con bolsas de papas y demás y que, como estaba previsto, al día siguiente él mismo borró cuando cogió la cámara, Txabilo y Guillem. Uy, también se quedaron Annabel (ahora sí, xD), Dave y María. Vamos, un grupete surtido de gente. Como las galletas cuétara, cada uno de un padre y una madre. Juass.
Fue curioso que el post party se alargó como tres horas en las que Guillem, Txabilo y yo estuvimos aún dándole a la birra y a las pocas papas que quedaban por allí mientras en el ordenador portátil -con muy poquito volumen- íbamos poniendo pasodobles y lo que nos iba pasando por el forro. Así que a las seis yo era el único que quedaba despierto y, curiosamente, con un bote de cerveza en la mano. Pues casi que voy a dormir ya, porque para estar aquí a cara perro...
No recuerdo la hora a la que nos despertamos pero no fue muy tarde. Como una memoria difusa -nada que ver con el pensadero de Harry Potter-, recuerdo a Mark (el inglés mentado arriba) que iba el tío cogiendo todas las latas de cerveza vacías, envases y demás desperdicios para tirarlos a la basura. Eso sí que es eficacia y saber estar en los sitios.
Nos levantamos a las "x" y, más extrañamente que el día de antes, yo iba sin resaca. Pero nada, eh? Estaba cansado porque dormí poco y mal pero ni resaca ni nada que se le pareciera. Y eso que tenía en el alambique que tengo por estómago más cerveza, ron, vodka y yo que sé que más que puedo recordar en tiempo. Impresionante. Los demás, por regla general, llevaban unos tabardillos considerables.
Como no quedaban papas, ni ensalada de pasta, ni hojaldres ni nada para comer, había que buscarse la vida. Así que, con un grupo de gente de lo más variopinto y más resacoso, nos vamos a pasear por el este de London. Al fin, llegamos a un king noodles (restaurante que recomiendo) y allí comimos a las mil maravillas.
Tras acabar la comida, nos fuimos a dar una vuelta por el mercado de Brick Lane. Es un mercadillo un tanto raro, lleno de hippies y gentes similares pero bueno, puedes encontrar cosas interesantes y, u-ah, miles de tenderetes con comida de la que pidas: japonesa, vietnamita, española (donde la paella tiene de paella lo que yo de travesti lituano)... Yo llevaba en mente, desde hacía un par de semanas, el comprarme un sombrero. Y bueno, en la primera tienda que vi que tenían, entré a ver. Tras un intento fracasado de regateo, me compré uno. En principio lo quería por la tontería pero, mmm, amigos, no veáis lo que calienta la cabeza y lo bien que viene para la lluvia.
Y nada, tras deambular un rato por el mercado, nos fuimos a un starbucks a echarnos unos cafeses para rematar la tarde y el día. Luego ya nos separamos y cada uno tomamos nuestro destino tras haber pasado un fin de semana bastante interesante. Como dato curioso tengo que añadir que luzco mi sombrero como nadie cada vez que estoy en Londres y eso ya es un pasito más para convertirme en un gentleman.
Cuando me parezca, ya volveré a escribir. Como dato curioso diré que estoy oyendo la marcha de procesión "Pescador de hombres" mientras termino de escribir este artículo. No sé, me ha dado ahora por escuchar este tipo de música.
Pasándolo bien in England
quien me lo iba a decir (y no es la canción del Bisbal).
El fin de semana pasado es el segundo mejor weekend desde que estoy aquí. A ver, el primero fue el de antes donde una inglesa me dedicó 10 minutos agradables y eso, amigos, ya supera cualquier cosa hasta la fecha; porque aún estoy esperando que alguna inglesa -o de cualquier nacionalidad, vaya- me dedique más tiempo y más a fondo... pero bueno, a lo que iba que me despisto y no puede ser.
El viernes, como ya es normal, fui a casa de mis amigas. Cenamos y luego nos fuimos de fiesta a Cargo, el local que ya hemos frecuentado varias veces. Lo único destacable de la noche fue la chufa que cogí. Curiosamente, me levanté sin resaca ni ná el sábado con lo que nos extrañamos todos: propios y extraños. Propios (o sea, yo), porque es la primera vez desde que estoy aquí que me levanto normal y extraños (estas chicas), porque no vomité cuando vengo haciéndolo todos los sábados como norma.
- pues hemos escuchado ruidos raros... seguro que no has vomitado?
- que no. Eso habrá sido el gargajo que he tirado, que tengo que contároslo todo...
El sábado, fuimos de vuelta al mercado de Roman Road pero, buf, con el agua que caía y el aire que hacía, hay que ver que poco nos lució el paseo. Al final, no me acuerdo donde fuimos a comer pero ni de coña era donde habíamos pensado. Es lo que tiene ir por ahí con mis caris, que haces planes y cambian a cada paso que das y no sabes donde vas a acabar. Pero mola, que cojones.
El asunto es que, claro, ya fue cayendo la tarde y tal, y ya se iba haciendo hora de la housewarming party de mis amigas. Ya llevan 3 meses viviendo juntas (creo) y no habían hecho nada y el 14 de noviembre era la fecha elegida para el evento. Así que me coge Rachel para ayudarle a adecuar la estancia y allí que le echo una mano. Empiezan a ir viniendo los invitados y nos vamos al asda a comprar las provisiones con los "vips", jeje. Que si esto, que si lo otro, eso son muchas papas... bueno, bueno, ya veremos qué pasa. Para cenar, éramos 10 y había que coger viandas. Estos querían pizzas pero no teníamos 200 minutos para cocinar 10 pizzas y al final cogimos pasta para hacer una ensalada -que elaboré magistralmente, ejem, ejem- y unos hojaldrillos de estos congelados que se hacen en 20 minutos de horno. Y allí, como en toda buena parrillada que se precie, estábamos los tres hombres cocinando y preparándolo todo mientras las mujeres estaban de francachela cloqueando como las gallinas antes de poner un huevo. Ya se lo dije a Álex en asda y se lo confirmé cuando sucedió: typical spanish aunque estés a tomar por culo y con inglesas, italianas, etc.
Cenamos y dejamos un bol inmenso de ensalada que sobró encima de la mesa que ocupaba la habitación por si alguien quería repetir. Fueron llegando los asistentes a la conmemoración y la casa (el comedor y la cocina, ya que eran los espacios dedicados a la fiesta) se fue llenando poco a poco. En el pico máximo de asistencia, calculo que fue de unos 34 impresentables ululando por allí. Éramos de todas las nacionalidades vecinas: españoles, ingleses, franceses, alemanes, italianos y hasta había un chino y una filipina aparte, de los que me olvido o ignoro (que ambas cosas tienen mucho que ver la una con la otra).
La música estaba puesta con un ordenador portátil con altavoces -pa que más?- y el alcohol era considerable: vino, cerveza, vodka, ron para hacer mojitos, café cerol para hacer burrets... vamos, un fiestón en toda regla. Luego todos allí hablando unos con otros, bailando, alguno -supongo- sobando (y se pueden aplicar cuantas acepciones se quieran del término)... muy guay. Y ahora, las fotos:
Y aquí yo, con Annabel (a la que por fin conocí) y Guillem a la izquierda.
Ya lo que pasó el domingo y para mi cumpleaños, en otra entrada. Que total, pa lo que cobro...
Cada vez me gusta más Inglaterra
Y es que, my friends, esto es otro mundo. Ya os he contado en anteriores entregas que todo es distinto -y cuando digo todo, es todo- a lo que estamos acostumbrados en casa. Pero es que, uah, este fin de semana he podido comprobar con más amplitud esas diferencias.
A ver. Este fin de semana ha sido muy completo. Ha sido muy oriental porque, atentos, el viernes cené unas chips con cordero que me compré en un local de kebabs, el sábado comimos en un chino de Chinatown (donde pedimos sin crisma y luego nos la clavaron sin crisma también), cenamos en un barbecue de kebabs y hoy domingo hemos comido en un restaurante japonés. Aparte, teníamos el "aliciente" -nótese por el entrecomillado la indiferencia que me supuso dicho acto-, de que el sábado era el día de los fireworks y fuimos al parque de Victoria para ver el espectáculo que habían montado allí. Un musical -donde todas las canciones contenían la palabra "fire" fuego- que iba acompañado de un castillo de fuegos artificiales y una especie de plataforma con antorchas y lanzallamas que tiraba fuego. A las chicas les gustó mucho y a mí pues, psché ni fu ni fa (aunque tengo que reconocer que la música molaba bastante).
El viernes -esto parece un currículum inverso-, me reuní con Alicia y Giuditta en su casa porque Neus estaba trabajando y hasta las 22.00h no salía y yo quería dejar la mochila con los trastos a buen recaudo y no llevarla luego to bufao. Así que tras estar con ellas un rato haciendo el gamba, cenamos (cada uno una cosa) y luego nos fuimos al encuentro de Neus al que, como era de esperar, llegamos tarde. Fuimos al Tesco y nos compramos las botellas de vino pertinentes. Para bebérnoslas, fuimos a una calle que está detrás de la estación de Liverpool Street y allí estuvimos de charreta hasta que nos las acabamos. Fuimos a Cargo -local donde vamos siempre- y estaba cerrado. Como llevábamos una carxofa más que interesante, y de irnos a dormir teníamos pocas ganas, probamos suerte en un pub un poco más allá que se llamaba "mother", grifo. Ye, que no. Que "mother" es madre, jejeje. Entramos allí más que nada porque yo tenía la vejiga a punto de estallar y tenía que vaciarla tan rápido como fuera posible. La nota negativa fue que Alicia perdió -o le robaron- la cartera. Así que allí te ves a Neus y a mí como terminators de la noche, a Alicia desapareciendo para cancelar tarjetas y demás y Giuditta en un término medio entre nosotros y Alicia.
La cosa es que el pub este no les moló a las chicas (y eso que se hicieron 50.000 fotos en una especie de columna tipo bailarinas de estas de striptease) y nos fuimos. Casualidades -y facilidades- de la vida, había un night club (discoteca) puerta con puerta. Cuando íbamos a pagar las 5 pounds que valía nos dijeron que podíamos entrar gratis con el cuño que nos habían puesto en la puerta de al lado. Pues mira que bien. Como siempre que vamos a los sitios, nos desperdigamos nada más entrar. No sé cómo, pero acabé hablando con dos tíos que había cerca de la puerta:
- pues aquí es muy fácil ligar- me decía uno.
- claro, cacahuets...
- what?
- que sí, si tú lo dices te haré caso y te nombraré mi maestro de la noche.
Tampoco sé como estuvo la cosa pero, ché, que tenía razón el pavo este. Buscando a las amigas, se me pone una tía delante. Claro, en vez de utilizar el "sorry" que aquí me sale instantáneamente, me puse a medio bailar con ella. A lo que la jamba, me coge la pierna y me la pone entre las suyas, me coge la cintura y empieza a bailar de una manera más, no sé como llamarlo, sensual tal vez y me dice que eso se baila así. "Pues esto en mi país no lo bailo yo de esta manera" y paso directamente a besarle en la boca. Pero así. Y la tía que me responde y corresponde. Y allí que estaba yo, je, intentando no caerme, con una botella de sidra -que yo pensaba que era cerveza a primera vista- en una mano, la chica en la otra y dándonos el lote mientras yo seguia llevando el baile. Y nada. Como diez minutos de reloj allí dándonos el sobo hasta que, casi sin aire, me logro despegar de ella (no veáis como se enganchaba la tía) y digo "wow" a la vez que veo a Neus y Giuditta aparecer por detrás. Me voy hacia ellas para decirles "estoy aquí" y cuando me giro otra vez para ir por la chica de antes, bang, bang, estaba enrollándose con otro. Pues si que es eso velocidad. Claro, con el pedo que ya llevaba y el subidón de moral -y de otra cosa aunque no tanto, precisamente por la embriaguez-, la dejé estar a su marcha. Que máquina. El rato que estuve por allí ululando, la vi enrollándose con cuatro tíos más. Se ve que estaba probando. Para cuando me buscara de nuevo -porque sin duda fui el mejor, ejem- yo ya me había ido.
Pero que vamos, cosas así son las que te hacen pensar y decir, coño, en España llevas toda la vida para cuatro restregones mal pegados y aquí, ché, en mes y medio ya te has "hecho" a una inglesa. Sabiendo ya, a ciencia cierta, como cojean las sajonas, para los próximos fines de semana iré más preparado a ver si son tan decididas en todo como para enrollarse. Ya os contaré que tal. De momento, con este poquito, ya contento.
Halloween in London
El viernes teníamos entradas para una fiesta de halloween en un night club (o sea, discoteca), y, bueno, tras pagar 12 pounds (no tengo la "l" de la libra) había que ir. A priori me esperaba una castaña que, lógica y lamentablemente se confirmó cuando asistí al evento. Si ya de normal -como sabéis- la fiesta en Londres es una mierda... agua con ésta; además de mala, cara. Pero bueno. Allá que nos personamos. El recinto era multisala donde la sala central era un teatro con sus butacas y todo donde podías ver los espectáculos que había en el escenario. Dantescos, pero fácilmente visibles desde los asientos.
Como esa sala no convencía, nos fuimos a otra donde había un grupo raro en el que había un clarinetista, un trombonista y un acordeonista aunque no sé si el clarinetista tocaba el trombón, el acordeonista el clarinete y el trombonista el acordeón, de malos que eran. Pero como íbamos con una chufa de miedo, pues tira que te va.
Guillem y yo decidimos ir de vuelta golfa para ver que había por ahí. Estuvimos charlando -donde charlando se puede interpretar como chapurreando y, después de la ingesta de cerveza y vino, baboseando- con varias chicas. Incluso, je, en un alarde de ingenio, le hice a una tía el "have you met Guillem?" que tan famoso ha hecho a Barney Stinson de "How I met your mother". Y el "je" es porque me acordé ayer...
La cuestión es que la fiesta esa estaba llena de gente disfrada casi todos de zombie y de, ojo, animales muertos colgados por las paredes y en las mesas. Como para darle más decadencia al asunto. A mí lo que me dio es más bien asco. Aparte también, eso sí, del asco que me dio estar casi media hora en la cola y encima lloviendo. Aunque la palma del asco se la lleva el resacón agresivo-asesino que me entró el sábado durante los primeros dos tercios de día y que, como comprenderéis, prefiero olvidar.
La parte amable del artículo de hoy se la llevan los nanos que pedían puerta por puerta y que vinieron a la casa donde me hospedan los fines de semana mis amigas. A los primeros ni les abrí porque ni sabía de que iba el asunto y los atendió Rachel despachándolos con las manos vacías porque no teníamos nada para darles. Luego, cuando nos estábamos empapando de las costumbres locales, tocaron a la puerta dos chiquillos más. Te ves allí todos buscando algo que darles a los guarines y al final les dieron una barra de muesli y no sé que cutrez más. Redimido de mi resaca, me enfundé mi gabán de president de bandes de la federació valenciana y me fui a por caramelos a una tienda de esas chungas off license que están abiertas todo el día y son regentadas por moros, indios, chinos o gente que tiene de ingleses lo que yo de pakistaní. De vuelta al domicilio, con dulces, esperamos a que sonara la puerta. Oye, en dos minutos, toc, toc. Abro y había tres niños; dos chiquillos disfrazados de esqueleto y una niña pequeña que iba de bruja. "Trick or treat" (truco o trato), como en las pelis, jeje, y allí que salí con un bol lleno de caramelos a echarles un par de puñados en cada bolsa que llevaban. La madre: "say thank you, come on" y los nanos allí, como los tres tenores, "Thank you" y más contentos que unas castañuelas para otro sitio mientras la madre también iba agradeciendo el gesto mientras también se perdía en lontananza con los infantes. Que cosa más guay y curiosa, tú. Ahora me está dando el escalofriín y todo de recordarlo. De los siguientes que vinieron ya se encargó Noemí de de darles algo porque también le moló el tema.
Y nada, ahora pondré las fotos pertinentes para aquellos que no tienen facebook o tuenti -donde las subo todas- y así les echáis un vistazo. Del negro que me quería partir la cara por colarme el sábado en la discoteca "Cargo", solo voy a dejar este apunte porque tampoco es que haya más que comentar.





Comiendo bien en Inglaterra
Para comer bien en Inglaterra hace falta seguir varias pautas. A saber.
1.- Ir al monte a buscar hongos.
2.- Verlos (como el de la foto).
6.- Irse a Inglaterra.
7.- Coger una sartén y poner aceite a calentar (si es de oliva y, casualmente, de casa del que has llevado la primera vez que has ido, mejor) hasta que coja temperatura.
8.- Echar en la sartén los hongos limpios de gusanitos y lavados junto a unos dientes de ajo troceados -a lo rural, vamos sin estar ahí dándole al cuchillo con el pie de rey para medir el grosor de las láminas- y unos pedazos de pernil partidos con el mismo método.
10.- En un plato con papel de cocina, poner todo el asunto una vez hecho para que el papel absorba el aceite sobrante.
11.- Emplatar.
Sea como sea, el caso es que le das de comer esto a un inglés que no ha visto un hongo en su vida y se queda flipado aunque esté frío y, por tanto desgraciadamente, menos sabroso que estaría recién hecho. Pero vamos, que se puede comer bien en Inglaterra si, ejem, te lo montas.
Swyx noddles
A ver, iremos por partes como en las clásicas recetas de cocina para ilustraros con tan magnífica vianda.
Bueno, para la próxima entrega de cocinillas, pondré la receta de las charlotinas de berenjena con carne picada con las que deleité la semana pasada a mis nuevas amigas.
Segunda parte de lo nuevo
que ya es viejo, pero bueno.
Tras comprarnos una botella de vino por barba y Guillem y yo unas cervezas de 660 ml. (pint and a half, creo), nos vamos a las escaleras de una casa que había dos calles más allá. A ver, debo matizar lo que tan alegremente prediqué el otro día; una cosa es comprarte la bebida y eso, y otra ir dando tragos enmedio de la calle como si estuvieras en tu casa. No. La gente, pese a que se zumba en la calle botella tras botella, lo hace con cierta discreción.
Acabamos raudos las viandas etílicas y volvemos al Koko este. Allí nos tomamos un par de pintas más y, empieza la laguna. No sé que me pasó aquella noche, ni a mis compañeros de fiesta, pero cogimos una mona de mucho cuidado. Guillem menos porque estaba controlando. Así que Se pierde Alicia de vista y quedábamos Neus, Rachel y yo para ir a su casa. Subimos al autobús y, ay ay ay, nos dormimos los tres y nos pasamos como cuatro o cinco paradas. Así que cuando nos damos cuenta, bajamos y cruzamos la calle para coger otro bus que nos llevara al sitio. Entre pitos y flautas, llegamos a las seis y pico de la mañana a casa. Cuando aquí de normal cierran a la una o, en sitios más exclusivos, a eso de las 4. También tengo que decir que cogí con ganas esta salida porque llevaba desde que volví de tocar -unas tres semanas antes- sin salir.
No os podéis ni imaginar -bueno, sí, sí que podréis- el resacón con el que me levanté al día siguiente. O sea. Maximus hang over. Que burrada. Como en mucho tiempo que no había tenido. Pero que las otras chicas se levantaron igual: era el día de las bragas. Donde bragas éramos nosotros. Que horror. Aparte de que nos levantamos allá las 14.00h, era para ir al wc y volver al sofá, a la cama o, en mi caso, al colchón donde dormía. Un viaje de los que me levanté a poner un huevo (y puse 3, ups), conocí a Noemí, la última compañera de piso. Como no había salido era la única que era persona en la casa. Pero más que los otros cuatro que éramos.
Van pasando las horas y, bueno, aparte de cenar y eso, había que salir otra vez. Hay que aprovechar a tope el fin de semana que es muy corto. Así que cada uno nos habíamos comido una cosa: ensaladilla, algo de pasta y Rachel y yo comimos una sopa oriental que preparó ésta y que, oye, como cosa caliente nos cayó muy bien al estómago. Si tenemos en cuenta que nuestros estómagos eran hormigoneras en esos momentos.
Cena, ducha y bus. Paramos en Britt Lane. Según estas chicas, una zona llena de pubs y discos para ir y que está cerca de casa. La más cerca. Las chicas dicen de entrar al 93 feet club y, qué remedio, pues pa dentro. Tras estar en la cola un rato y apurarnos un par de botellas de vino, pasamos. A las chicas les miran el bolso por aquello de drinking or food inspection y a mí me pega una cacheada de infarto un gorila inmenso con cara de bulldog. Bulldog inglés, por supuesto. Que mal rollo que me dio este registro. Pero vamos, mal rollo porque aún iba resacoso del día de antes y ya sabéis que de resaca como que ves las cosas de otra manera. Y digo de otra manera porque aquí, para evitar actos vandálicos hay un tío enorme en las entradas de todos los sitios que te registra minuciosamente. Y una mujer de las mismas características.
Y nada. Pagamos las siete pounds del ala que valía la puta entrada y para dentro. Que sitio tan horrendo. Música horrible, lleno de gentuza (os recuerdo que lo veía todo como si estuviera dentro de un prisma por la resaca), y mal rollo en general. Tanto fue así, que Neus, Rachel y yo nos volvimos como en 20 minutos para casa. Oye, para padecer ya está el dentista. Alicia y Noemí si que se quedaron en un concierto que había con música en directo. No sabéis lo que ganamos yéndonos a dormir -más, si cabe- tan rápido. Tanto como levantarnos el domingo siendo ya casi personas cada uno mientras que las otras dos que apuraron lo suyo se levantaron como el día de antes.
El domingo fuimos Neus, Rachel y yo al mismo sitio de la noche anterior porque ponían un mercado rollo hippilongo alternativo y de segunda mano. Tras dar unas vueltas y verlo casi de arriba abajo, Neus se compró una peluca (con la que nos hicimos fotos que aún estoy esperando para colgarlas en facebook y tuenti), Rachel unas camisetas y unas perchas y yo el primer libro de Harry Potter en inglés. Por lo menos no perdimos el viaje.
Para comer nos metimos en una franquicia -creo- que se llama Noddle king (el rey de los fideos) y, bueno, bueno, que plataco fideos que nos pusieron por 4,10 libras. Además fue muy curioso una cosa que yo no sabía. Y os comento. En mi anterior viaje a Londres descubrí, gozoso, que donde te metas a comer puedes pedir de beber "tap water" que es agua del grifo y no te la cobran. Es más, hay sitios en los que hasta te ponen un par de cubitos de hielo, como en este. Precisamente. Guay. Lo otro que no sabía -y que es más guay si cabe- es que, después de comer, si te ha sobrado comida, puedes pedir unos envases de comida para llevar y te la llevas. Así que, dentro de que London es carísimo, si te metes a algún sitio decente para comer, entre que pides agua que no te cobran, y luego te puedes llevar la comida, tampoco está mal el asunto. Otro cantar son los vouchers (que son vales de descuentos que vienen en revistas y similares) que ya comentaré otro día cuando me entere del todo de sus cualidades.
Pero vamos. Que tras este rollo inmenso en plan niñata quinceañera, hoy he llamado a Raúl y le he dicho que es tonto, etc, es para contaros que aquí la gente bebe vino y cerveza (vamos, la gente normal, porque los que tienen pasta le pegan al champagne y demás exquisiteces) y coge unas cogorzas de infarto. Además hay que hacerlo pronto porque los locales cierran muy temprano. Con lo que tomas en una boda en los entrantes, aquí te pones como un zombie. Awesome.
Ya para terminar, quiero despedirme con el apunte de amor. Bueno, amor, amor... resulta que Neus y yo estábamos en Liverpool Street Station haciendo tiempo para que yo cogiera el tren de vuelta y nos estábamos tomando una pinta de Guinness en el pub cuando me dijo que el viernes le tiré bocado a Rachel. Ni me acordé en su día ni me acuerdo, por más que intento, ahora. Aunque Rachel tampoco se acordaba. Así que todo quedó en susto. Un susto que, bueno, la semana siguiente que fue el fin de semana pasado, eh, uy, que esto ya lo cuento en la próxima. Y a ver si comentáis alguno, carallo.
Primera parte de lo nuevo
Bueno amigos, otra vez escribo desde tierras británicas. Para comentar varias cositas. Primero las tope guays:
- Ya conduzco yo solo con la niña para llevarla a cualquiera de sus tres destinos, a saber: North Weald (unos 9 kilómetros, 20 minutos), Ongar (unos 25 kilómetros, 35 minutos) y Chelmsford (donde está la escuela, a unos 50 kilómetros y una hora de volante). Ténganse muy en cuenta mi poco gusto por el volante y la dificultad añadida que supone conducir totalmente al revés. La ventaja de todo esto es que aquí saben conducir. O sea. No son pilotos profesionales, pero los conductores se ayudan entre sí dándose paso cuando no hay visibilidad, parando o decelerando mucho en las carreteras estrechas para que ambos vehículos puedan pasar y manteniendo una conducción correcta. Aunque, claro, también hay gilipollas. Uno de cada diez mil. Mientras que en la patria querida, de cada diez mil, uno NO es gilipollas.
- Tras casi un mes de estancia aquí, el otro día pensé en inglés. Para poneros en situación: cuando estoy solo por las mañanas haciendo las tareas que me encomandan en la casa -que van desde pintura, hasta jardinería, limpieza y todo lo que se os ocurra-, pienso en español y me hablo en español. Me hablo para no caer en la monotonía absoluta, eh? Pues bien, el otro día, quería beber agua y dije: "mira, ES aquí". Así que, bueno, no está siendo tan fácil como yo pensaba esto de evolucionar en inglés, pero mira, este guiño me moló mucho.
Y ahora lo demás que quería contar: el fin de semana pasado en London city.
Quedé con Neus en la estación de Liverpool Street el viernes pasado a las 20.30h. con una hora de antelación prácticamente porque no sabía si tenía más cosas que hacer o qué. La cuestión es que me persono allí y nos vamos a Camden Town para encontrarnos con Guillem. Llegamos a la discoteca donde queríamos ir, Koko se llama, y allí no estaba este hombre. Vamos a la estación de metro más cercana (ni idea de cual es) y tampoco nos hacemos con él. Así que tras el telefonazo, descubrimos que ya había llegado a la puerta de Koko. Bien, vamos a cenar -ellos, porque yo llevaba una fritada de fish and chips en el estómago para alucinar- y nos metemos en un italiano. Dos pizzas elegantes para los hambrientos y un par de cervezas y una botella de vino de la casa para beber. Y ya os podéis imaginar; a contarnos la vida y milagros después de un año sin vernos.
Dejamos el ristorante y nos metemos en Koko. Aquí en Inglaterra, parece ser que si vas nada más abrir o a unas determinadas horas, la entrada te sale más barata. O gratis. Ah! y nada de consumición: aquí se paga por entrar y sanseacabó. Más aparte, claro, las copas que te quieras tomar dentro de donde vayas que, además, son carísimas. Entonces, ¿qué hace la gente para combatir esto? Botellón. Pero así de fácil y rápido.
Así que tras dejar prendas y mochila en el guardarropa (que valía 2 pounds, of course), nos damos una vuelta por el local. Esta discoteca antes era un teatro y lo seguía siendo aunque ahora con música alta y sajones borrachos. Un sitio curioso. Así como también fue curioso el que nos abordara una tía con una lista y un tío que iban preguntando a la gente nombre y e-mail. No sé, a ciencia cierta para que, y me importa más bien poco, pero así era. Así que, sin pestañear, cojo la lista (aquí ya iba yo con una carchofilla interesante después de la cerveza y el vino del italiano) y escribo: "Ramiro Miralles. ramiromiralles@pasodoble.es". Se la paso a Guillem para que leyera lo que había puesto y escribiera el suyo pero declina la invitación y se lo pasa a Neus quien sí puso su identidad real. Guillem, claro, se moría de risa.
Allí dentro nos encontramos con Rachel -a la que yo conocí el año pasado- y a Alicia, ambas compañeras de piso de Neus. Tras acabarse sus beers, salimos a la calle y nos metemos en un ultramarino que había dos puertas más allá. Aquí te encuentras tiendas "off license" abiertas por la noche como el que se encuentra, no sé, farolas por la calle. Entramos y vamos directamente a la nevera de la bebida.
- ¿Y aquí se puede hacer esto y tal? -dije.
- Claro. Y ahora nos vamos a la calle con todo esto y nos lo bebemos.
- ¿Y la gente no dice nada? -inquirí.
- No.
Así que, amigos, aquí no es que esté permitido el botellón, es que además te lo compras al lado de la discoteca. Y fresco. Pero claro: vino o cerveza. Si quieres licores y eso, ya se dispara mucho el asunto. Pero, coño, todo ventajas.
Y creo que seguiré otro día con la segunda parte del fin de semana que, por hoy, ya va bien. Por cierto, recordando aquello que solía poner de "estoy escuchando", ahora suena por los altavoces de mi laptop la marcha de procesión "La esperanza de Zamora", de Carlos Cervero.
Fotos del viaje a Crawley
Para contar tengo más bien poco. O sea. El sábado me fui a ver a mis tíos y el domingo volví a casa de los Gooch. Es curioso que había planificado al dedillo el viaje en la página web de los trenes nacionales de Inglaterra y antes de irme, eché un vistazo en otro sitio y me salió un viaje más rápido y con menos paradas. Así que cogí, lógicamente, esa alternativa. Además, Sarah me dijo que podía ir andando de Liverpool Street hasta London Bridge y así, de paso, dar una vuelta por Londres. Pues oye, dicho y hecho. En vez de hacer tres o cuatro transbordos y pasar todo por metro, pues hice sólo 2 transbordos de tren y caminé por la ciudad. A la vuelta lo mismo, claro. Ni estoy para marearme ni falta que me hace, porque, buah, otra cosa no sé, pero metros y líneas y posibilidades de perderte si no controlas -como es mi caso-, miles.
La otra novedad que no conté en su día es que el miércoles pasado ya cogí yo solo el coche y me fui a Ongar. Vamos, mi primera hora y pico de coche en la Gran Bretaña completamente solo. Ya para mañana me ha dicho Gerry si estoy listo para ir solo con la niña para allá pero prefiero que venga unos días más conmigo él para estar más seguro. Más vale pasarse de cobarde que ir así a lo guay y que luego pase algo. Quita, quita.







