Los peligros del autobús

Desde hace ya varios años, en el pueblo gozamos de un servicio de transporte público. Un par de autobuses de la EMT (Encarna Martínez Tomillo) que dan la vuelta por todo el pueblo. También hay un par más de buses para los empleados de la valenciana de cemento y eso.

Recuerdo que el primer mes que estuvo en vigor este servicio, el viaje era gratis para todo el mundo. Especialmente recuerdo un día que llovía a cántaros y hacía un frío del copón y estábamos en la parada que hay a un minuto de mi casa un grupo elevado de gente esperando el autobús porque nos hacía muchísima falta. Gracias a unos cuantos hijos de la grandísima puta que no tenían nada que hacer más que dar vueltas porque era gratis, el autobús iba lleno hasta los topes y no paró a recogernos; los que esperábamos con ahínco de su llegada y servicio nos empapamos un poquito más y nos acordamos de todos los familiares de los que iban dentro.

La guagua (que es como llamamos comúnmente al autobús y es curioso porque lo llaman así en Canarias) pasa cada media hora por las paradas. El viaje empezó costando 50 pesetas que luego fueron 60, 75, 100 y, con la llegada del euro, 0,6 y 0,75 que creo que es lo que vale ahora. Disponemos de bonobuses para que salga más rentable el asunto: uno rojo para adultos, uno verde para jóvenes hasta 18 años (que es el que gasto) y uno naranja para jubilados y "gente especial". Esto son la vida y milagros del autobús de Buñol.

Pero ahora pasaré a lo que da nombre al título de hoy: el viaje que hice el miércoles pasado. Siempre me siento en el asiento de ventanilla de la tercera fila de asientos dobles a la izquierda conforme entras. Siempre que puedo, vamos. Tengo una especie de "rellano" donde puedo estirar las piernas y tengo el timbre de parada solicitada a mano. Si voy con alguien me pongo a xarrar y si no me pongo el emepetrés y ya llegaré al sitio. Este viaje iba solo y me puse el mp3. Como la radio del bus estaba muy alta tuve que centrarme mucho en mis oídos para apreciar mejor los pasodobles que iban sonando. Miro a mi izquierda y en la otra fila de asientos estaba sentado un zumbado al que se le conoce por boquerón. Imagino que en vuestros respectivos pueblos y ciudades hay también algunos de estos zumbados que van desde el clásico tonto del pueblo hasta el que se queda pillado por la droga. Éste era de la clase 2. Pero bueno, él en su sitio sin molestar a nadie y los demás en los nuestros. No pasa nada. Lo malo es que en la siguiente parada, ñas!, se me sienta al lado un gitano que tendría unos 16 años y se pone a hablar con él. No podríais ni imaginaros en vuestras peores pesadillas la peste que echaba el gitano este de los huevos. Buagh! Revolviéronseme las tripas y todo: un olor agrio como a podrido, tabaco y rancio. A escala natural: 1,55 m y unos 50 kilos. Que pestilencia. Ahora tenía que anular también el sentido del olfato para que no me diera algo. Menos mal que tengo aquí mi mp3... chán! (puñalada) justo detrás del calorro iban dos viejas que tenían ganas de hablar. Se sentaron detrás y empezaron su conversación que pudieron seguir todos los asistentes al autobús así como los peatones que iban andando por donde éste pasaba. Rediós que escándalo. Como las madres que os contaba el otro día pero al cubo. Ahí ya si que me tuve que quitar el emepetrés porque el pobre ya no podía con tanta presión.

Así que, allí estaba yo con un gitano cuya hedor haría que nunca volviera a crecer la hierba por donde pasara (como Attila pero no en el mismo contexto), dos arpías detrás gruñendo escandalosamente y el autobús que nunca llegaba a mi destino. Que largo se me hizo el viaje. Encima, todas las mujeres que había por allí eran feas con lo que tampoco podía distraer mi vista. Ye, se me ha puesto hasta dolor de estómago de recordar esta terrible odisea. Ulises a mi lado es un gay con un tobillo roto. Como eché de menos cuando se me sienta al lado una vieja (que también me pasa a menudo)...

Viernes, 13 de Octubre de 2006 18:56. Autor: swyx. #. Tema: Pa mear y no echar gota.

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comAutor: Civilis

Solo te faltaban los moros que no fueron a new york haciendo su entrada en el autobús.

jejeje.

Fecha: 13/10/2006 23:12.


Autor: swyx

Los habría preferido -incluso borrachuzos, pasadísimos o como fueran- googolecientas veces más que al gitano malaroma. Palabrita de niño jesús.

Fecha: 14/10/2006 00:16.


gravatar.comAutor: Luisma

Por lo que veo en los urbanos de tu pueblo pasa igual que en los del mío. Yo debido a esos hedores que hay que soportar directamente no lo utilizo, prefiero darme la super caminata. Recuerdo yo que la ultima vez que lo cogí se subió una tia con una peste de cojones y el conductor no dijo nada pero cuando la guarra esta se bajó dijo el conductor: "no lo aguanto, no pienso volver a conducir con guarras de ese tipo, me niego aunque me echen del trabajo" y el muchacho sacó su ambientador porque era horrible. Creo que cumplió su promesa porque nunca más he visto a ese conductor.

Fecha: 14/10/2006 12:29.


Autor: absenta

es verdad, muchas veces los buses apestan a humanidad...recuerdo ke una vez en el metro de madrid se me sentó al lado un tipa estilo monja (falda tableada ht los tobillos, mocasines y suéter muy tapado)...yo pensaba ke traía bolsas de la pescadería y cuando llegó a su parada y se levantó horror!!!!! me vino aún más el olor a merluza y no llevaba ninguna bolsa de pescado!!!!!
es ke la smonjas no se lavan mucho, no sea ke vayan a tocarse maś de lo ke se debe...puaajjj

Fecha: 14/10/2006 13:19.


Añadir un comentario




No será mostrado.






Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras contra la leucemia y el Iniciador Zaragoza (networking entre emprendedores).