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8 días en Austria...
...y creo que me he fumado el primer puro alemán. Y sin querer, ojo. Resulta que esta tarde tenían examen de kárate los nanos y, bueno, nada más comer (a las 13.30h.) me he cogido a Lucas y hemos hecho los ejercicios que tocaban hasta las tres y media larga que se tenían que ir. Al volver del examen -los dos con el cinturón amarillo- me han dicho que iban a pegarse un chapuzón a la piscina a lo que, como es lógico, he cedido. Cuando han terminado, eran casi las 18.00h. Como aquí se cena a las 18.30h. he pensado en coger a Laurenz después de cenar para su clase de español. Pues bien, cuando ha llegado Monique (creo que para llamarnos a cenar), como Laurenz estaba viendo la tele y yo estaba con el portátil ha empezado a reñir en alemán. Ya voy cogiendo algo (una palabra de una conversación a lo sumo) y me ha parecido que les estaba regañando poniéndome a mí por el medio porque estaba con el ordenador, etc.
Igual son cosas mías pero me ha entrado un noséqué interesante. Para mal, eh?. Como con una culpabilidad extrema sin tener culpa de nada. Luego a llamado Monique por teléfono y creo que le ha contado a quien fuera que yo estaba aquí en plan manta, todo el día con internet (cierto por otra parte, pero más que nada porque no tenía niños a los que dar clase) y algo más. La cosa es que hemos ido a cenar y allí había un ambiente tenso, duro. De normal, ellos se ponen a hablar en alemán y yo como no pesco ni una pues me pongo a comer mi plato sin levantar la mirada. Y cuando la levanto me miran y se ríen o me miran serios y me asustan. No sé si me asusta más lo primero que lo segundo. La cosa es que, bueno, yo voy a mi marcha y ellos siempre están con la risa en la boca. A lo mejor me están poniendo a caer de un burro pero como no entiendo lo que dicen... Y, bueno, esta tarde en la cena la conversación iba con spanisch por aquí y por allá y me ha parecido escuchar un arsloch (que viene a ser gilipollas) y, no sé que pensar. Puede ser que le estuviera echando el puro al hijo por no venir directo a que le diera la clase o puede ser que me estuviera fumando yo el puro sin saberlo...
Sea como sea, intentaré mañana averiguar lo que pasa. Espero que todo sea un malentendido o, sencillamente, que me estoy comiendo yo la cabeza demasiado para nada; pero es que, como os digo arriba, me ha entrado una sensación de culpabilidad enorme. Si de normal no me mola nada que me echen el puro en el trabajo -en cualquiera de los que he ido haciendo a lo largo de la life-, pues imagináos aquí, a 1900 kilómetros de casa y haciendo lo que más me gusta que es enseñar. Estoy caviloso.
900 euros al mes
Bueno, hoy me voy a callar la boca porque quiero darle la palabra a Arturo Pérez-Reverte. Desde hace ya, buah, como diez años que leo -y colecciono- los artículos que escribe este hombre en la revista xlsemanal (suplemento dominical del diario valenciano "Las Provincias"). Y el que ha salido publicado hoy, amigos, no tiene ningún desperdicio. Así que, cortando ya el rollo, os dejo con esta perla de la literatura contemporánea:
"
El otro día escuché a la ministra de Educación. Me parece que era ella. Y si no, da igual. Sería otra pava que hablaba como la ministra de Educación. Títulos, por cierto, el de ministra y el de Educación, que en España parecen sarcasmos. O que lo son. La oí satisfecha de esto y aquello, goteando agua de limón, encantada de que, gracias a ella y sus colegas, el nivel cultural y educativo de los españoles de España vaya a estar a la cabeza de Europa de aquí a nada, e incluso antes, merced a su buen pulso y a sus previsiones astutas, que tienen rima. Con rutas y con virutas.
Al cabo de un tiempo de estar en el paro consiguió, temporalmente, un trabajo de seis días a la semana llevando un tráiler al extranjero, por 1.600 euros mensuales que, descontados seguros, hipoteca, comida, teléfono e impuestos, no alcanzaban a pagar la luz, el agua y el gas. Pero ese dinero lo dejó de cobrar al quedarse de nuevo en paro por la crisis –ésa que no iba a existir, y que ahora sólo durará, afirman, un par de telediarios–. Y resulta, para resumir, que un hombre que ha trabajado toda su vida, desde los catorce años, se encuentra a los cincuenta y tres con que el mes que viene no puede pagar la hipoteca de la humilde vivienda donde se refugió tras perder el primer trabajo y la otra. Porque no tiene los cochinos 900 euros cada mes. Porque resulta que el único dinero que entra en casa, justo esa cantidad, es el que gana su hija: la joven cuyo futuro maravilloso planean con tanto esmero y eficacia la ministra de Educación, el de Economía y el resto de la peña.
Y esa chica, con el sueldo miserable que percibe por trabajar ocho horas diarias seis días a la semana, con la casa familiar puesta a su nombre –el padre, comido de embargos, no pudo ponerla al suyo–, tiene ahora la angustia añadida de que, con los tiempos que vienen, o están aquí, en la tienda entra menos gente, y cualquier día pueden cerrarla y ponerla a ella en la calle. Y mientras, mantiene a su padre y a su madre, paga la luz, el agua, el gas y el teléfono, compra comida y lleva un año sin permitirse un libro o un revista, ni ir a un museo –los cobran– ni al cine, ni salir con su novio un sábado por la noche. Porque no puede. Porque no tiene con qué pagarse, a los veintiocho años y con una carrera hecha, trabajando desde hace cuatro, una puta cerveza.
Así que ya ven. Barrunto que la ministra de Educación, y el de Economía, y la ilustre madre que los parió, no hablan de los mismos jóvenes. Ni de la misma España."
Hala, ahora a pensar.
Desplumando el pollo
Que también podía haber sido la polla, ya que estamos. Yotejodo.
El otro día tuve que hacerme el reconocimiento médico que precede a la consecución del nuevo carnet de conducir. Ya lo tengo 10 años -10 años, diox- y ya tocaba renovarlo. Tocaba porque el sistema lo requiere. Y porque tienen que sacarte los cuartos como sea. En Inglaterra, según mi cousin, te lo renuevas una vez cuando eres viejo y listo. Y, seguro -que no lo sé-, más barato. Mucho más barato.
Llego a la clínica de reconocimientos para conductores y armas. La recepcionista me dice que aguarde porque había siete u ocho abuelos allí esperando. Pues nada. Como en cualquier clínica que se precie, en la mesita había cientos de revistas de gran interés y devoción: que me dices, hola, semana, 10 minutos y cosas así. Y, como siempre, caducadas. Si no, no es una consulta médica. O algo que se asemeje.
Llega el médico, la médica y luego la otra médica. Por lo que parece, en ese sitio te sacan de todas las maneras. En fin. Empiezan a pasar abuelos para adentro. Yo mientras iba con el portátil mirando en mi correo lo que tenía. Con mi internet, claro. Porque era tan cutre ese ambulatorio que no tenía ni internet para adherirse con wi-fi. Pero, ya se sabe que, en estos sitios, darte darte, solo te dan una cosa: un disgusto.
Me toca el turno y paso con una médica. O bueno, por lo menos llevaba bata. Igual era una churrera. No podría asegurarlo. La cosa es que me pregunta si veo bien, si oigo bien, si tengo algún trastorno psicológico y si me falta alguna falange o falangeta en mano o pie. Tras negarlo todo como Pedro a Jesús, me explica la mecánica de la "prueba". En un spectrum (o menos, porque tendríais que haber visto lo casposo que era el ordenador que había en esa sala), aparecía un rectangulillo azul horizontal y una bola roja que lo atravesaba a una velocidad constante. Casi al final del rectángulo azul había un rectángulo blanco vertical que tapaba una parte del azul y dejaba una muy pequeña a la vista. La prueba se trataba de darle a un botón cuando creías que la bola roja llegaba al otro extremo del rectángulo azul. Todo ello en unos gráficos super-realistas y conseguidos. Vamos, como los que hacen los niños en las guarderías. Porque no puedo insertar una imagen ahora, sino, íbais a cagaros.
La segunda "prueba" (nótese el elevado índice de sarcasmo de las comillas), era coger unas manivelas que tenía el superordenador, y llevar unas bolas blancas por unas líneas rojas que se iban doblando o no. Cada vez que se salía por un lado, la computadora emitía un pitido de advertencia para que rectificaras y volvieras a encauzar la bola que se te había ido. Un pitido más bien ronco y carente de cualquier timbre agudo pero, oye, a todos los efectos, un pitido. Behp. Behp.
Cuando acaba el examen (oh, el examen), me dice la señora de la bata que espere fuera. Yo, curioso, le pregunto por las "pruebas" y me dice que en la primera yo no veo los resultados pero ella sí y en la segunda que sí, que es para la coordinación de manos y ojos. Ahí es ná.
Salgo de nuevo a la gerontoestancia y espero. En un ratito, sale el médico y me hace pasar. Paso a otra habitación y el doctor me sigue. Coge el cuestionario donde va mi foto y empieza a preguntarme: gafas?, oyes bien?, algún trastorno?, enfermedades graves?, fumas?, etc. Cuando me pregunta por el alcohol, rodea el no y cuando intento decirle que, bueno, los sábados si me hago mis cubatas y tal, el tío me dice: excesos? habito? Eh, no. Pues entonces. Cuando acaba de rellenar eso -un minuto, a lo sumo- y echar firmas por todas partes, me toma la tensión y me hace una prueba ocular. Tensión perfecta, 12 y 8 (nunca he entendido esa baremación) y de visión al 100%. Así que se despide de mí y, bueno, me toca pasarme por caja.
Llego allí, oliéndome la percalina, y, RAAAASSS! A-uh a-uhhhh. Buah, que pasote: 65 €. O sea. Rápidamente le pido una factura y la recepcionista, ni corta ni perezosa, me coge una libretita como de camarero con la palabra "Factura" arriba y se pone a escribir. Nombre, "reconocimiento médico 45€", "tasa de tráfico 22€", total: 65€. Ahí es nada. Esa pantomima que os he contado más arriba vale 45€ del ala. Si hubiese habido hilo musical seguramente habría estado sonando "la danza del sable" de Kachaturian para mentalizar a la gente de la estocada que se lleva después. O la música de Benny Hill, no sé. Agüita amigos.
Por cierto, felicidades con un día de retraso, Germán!
Una verdad incontestable
El otro día, estábamos viendo en casa el noticiario de antena 3. No es lo normal porque vemos el de canal nou que es muy malo pero lo llevamos viendo desde que canal nou es canal nou o el de telecinco porque va después de Karlos Arguiñano.
La cosa es que, si ya la cadena es mala, el informativo ni te cuento. Para empezar lo abrieron con la nominación de Penélope Cruz a los óscar. Pero, a ver, ¿es tan vital para los españoles que nominen al óscar al mono este? Creo -y sé- que hay muchas otras cosas más importantes que esta gilipollez. Tamaña gilipollez.
Pero bueno, asimilando el primer puñetazo, dejamos transcurrir el curso normal del boletín. Que si la guerra, que si la crisis, los deportes (apartado importantísimo en las sobremesas que ocupan la mayor parte de los telediarios), etc. Y llegamos a la buena. Pero buena buena. Todos sabemos el devenir de estos espacios televisivos: titulares, ampliación de las noticias, avance de las últimas noticias y últimas noticias. Es como cuando estudiábamos en el instituto los pasos de cualquier cosa: introducción, desarrollo, nudo y desenlace. Bien. Llega la presentadora y entre tanta "noticia" (nótese la intencionalidad de las comillas) suelta la siguiente perla:
- ...y ahora un récord guiness tan insólito como inútil...
Qué has dicho? Oye, yo estaba comiendo a mi bola y pasando de la tele pero esa frase me hizo saltar como un cepo. Adiós! Dejo los cubiertos y vuelvo la cabeza para la tele esperanzado de que esa frase haya sido una alucinación mía. Pero no. No era una alucinación. Wa wa wa.
Salen un par de tonterías más y luego ésta. La buena. Y con palabras textuales, ojito:
- Un nuevo rércord mundial tan insólito como inútil: plancha submarina.
Y salen dos o tres tíos vestidos de buzo planchando bajo el mar. Termina el reportaje y de nuevo tenemos a la locutora, jocosa ella, que concluye esta noticia con el comentario:
- el resultado del planchado es lo de menos, como pueden imaginar. Pasando a otras noticias...
Creo que tuve hasta una erección durante el minuto y pico que duró ese grandísimo documento periodístico. En serio. Ese rigor científico, esa manera de transmitir el mensaje, ese gran manejo de la codificación oral y visual... buah, que massa. Que estupidez, colegas. O sea. Es que, really, que guay del Paraguay. Esa presentadora avalada por su carrera de periodismo, comunicadora de pro con cientos de cursillos y seminarios en la facultad, experta oradora versada en mus y cafetería, saliendo por televisión, en un canal de rango nacional y a una hora clave para la programación diciendo: insólito e inútil. Una verdad incontestable, claro que sí. Si alguna vez compongo una marcha procesional pensaré en esta noticia -que no olvidaré en la vida- y la titularé "Verdad".
No hay nadie en esa cadena que tenga dos dedos de frente? Como se puede ser tan ceporro de emitir eso? Y más aún de sacarlo con esas palabras? Acaso no estaba Gilberto, el limpiador ecuatoriano que le pasa la mopa al plató, para rectificar tal barbaridad? Fff Increíble. Y luego hay gente que se queja de noticíes nou. Amigos, tenemos un informativo regional chabacano pero que, coño, por lo menos te informa con cosas que tienen su mínimo de interés. Y luego te hace el tiempo dos veces, eh mestre? juas juas juas
Estoy pensando seriamente si en mi epitafio debería incluir "insólito e inútil".
Ahora con vomistar
Ya sabeis todos mis andanzas con las compañías telefónicas. Pisca más o menos. Por ahí están colgados los fascículos delux que creé rememorando esas conversaciones online con los de guanadú. Estoy tan perro que no me apetece ni enlazarlos... buahh
La cosa es que, como os dije también tiempo ha, tengo el módem usb de vomistar con tarifa plana que vale 45 napos al mes con navegación y descargas ilimitadas. Al llegar al giga navegado, la velocidad baja. De ahí que valga 45 y no 70 que vale la de diez gigas. En fin. Como podréis adivinar, he estado trasteando por la red todo este mes, pues, pensando que, dentro de la lentitud que tengo en casa, oye, esto da una función. Pero claro, ahora viene cuando la matan: me llega la factura y, amigos, no son 45 euros. Son, 132 euros del ala. Y eso que es de 15 días. Que cuando me venga la del otro mes...
Esta tarde, nada más comer, me he ido como una bala al distribuidor donde contraté el asunto a que me explicara el tema. Según la chica, es una equivocación del departamento de facturación porque el contrato que yo firmé está bien y es el que toca.
- Llama al 609 y que te digan- me recomienda la colega.
- No, llama tú a tu comercial o a quien sea que te harán más caso.
- Es que hoy, estarán de puente...
- Pues para el miércoles. Vendré aquí y llamas pa que arreglen esto.
Y así me he quedado. Imagino que el miércoles iré y se arreglará el entuerto. Ya me ha asegurado que me devolverán el dinero y tal pero, hasta que no lo vea, como que no me lo creeré. De todas maneras, seguiré informando. Igual me tengo que meter ahora en pleitos, denuncias y demás. Pero, es que estoy de un perro....
De raves y fiestas varias
Y es que, gracias a todas las cadenas de la tele y prensa escrita, nos hemos enterado todos de la rave que aún dura desde nochevieja en mi pueblo. A mí ya me lo contó Antonio porque había ido a ver qué tal estaba la cosa. Claro, como el fuerte de este hombre no es informar, no le di la mínima importancia. Me dije: "serán cuatro mataos que se han juntao allá arriba para no molestar y ya está". Pero no. No, no. Joer. Menuda se ve que hubo porque, amigos, a día de hoy aún quedan supervivientes. Muchos menos desde que los picolines están allí en la puerta porque no dejan entrar a nadie -es lo malo de no haberse llevado los cuños-, pero aún se ve que hay ambiente.
El día de año nuevo, tras pegarle un palizón a la cama (más o menos similar al que me pegó a mí por la noche el vodka con limón), tuve que ir para casa. Pasé por casa de mis abuelos y me dijeron si oía la música. ¿Qué música?. Ah, hostia, ya. Y es que la rave a las 19.00 h. del 1 de enero estaba a tope. Yo no sé de donde salió tanta gente pero, buf, entre medio resacoso que yo iba, todo oscuro y venga coches aparcados enmedio de la carretera y donde más molestaban, se me hizo un viaje larguísimo y malísimo. Yo pensaba: "a ver si ahora me va a salir un borrachuzo de por ahí y me la va a armar". No podeis ni imaginaros que canguelo.
Pero que, adiós, bajo con mi madre al día siguiente para ir a comprar y, aún había coches por allí y merodeadores nocturnos. Y no los de la patrulla X. Unas pintas... uh, esgarrifós. Y es cuando vimos a los hombres de verde con sus coches y sus chirimbolos en la entrada de la vieja fábrica. Porque, queridos, el día uno no estaban. Luego, ya en telecinco en el informativo de la noche sacaron el reportaje. Que si una fiesta ilegal con hasta cinco mil personas, que si se piensan prolongar hasta el domingo, que si la guardia civil y sus efectivos están en la entrada, bla bla bla. Lo que todos sabemos.
Germán me pedía en un comentario en el otro artículo que enviara allí un destacamento si es que no estaba yo allí metido. Buah, no me molan esos temas. Dentro de lo festero-lúdico-cabrón-loquéqueráis que soy, esa posibilidad no cabe. No me mola esa clase de fiestas donde, a priori -como digo, no he estado nunca en ninguna-, la gente tiene que ponerse de todo para aguantar. Por los malos rollos que luego puedan generarse, ojo. Que yo soy el primero que me apunto a lo que sea pero, como digo, con un cierto control de la situación y tal.
Aventurilla estival
Aprovechando una escapadita del trabajo -que, desgraciadamente termino mañana-, me he salido a la biblioteca y voy a contaros una chorrada.
El otro día quedamos Jose y yo en ir a la piscina. A la hora de comer me llama el susodicho para decirme que en vez de ir a la piscina de aquí iríamos a la de Yátova (otro pueblo que está a unos 8 km).
- Ok, te esperaré donde siempre a las cuatro pa que pases con el coche.
- Mejor a las 16.30 que aún estoy comiendo y bla bla bla (eran las 15.40).
- No. Si acaso a y cuarto porque si pasas por aquí a la media entre que llegamos, aparcamos y todo se nos hacen las cinco y si eso cierra a las seis, pa ir una hora como que paso de ir.
- Mmm, vale a y cuarto.
Pero claro, pa este tío la hora es algo relativo. Relativo a cuando le salga al hombre de los webs, porque, como predijera él mismo en un principio, pasó a por mí a las cuatro y media. Algo muy predecible por otra parte.
Y ahora viene cuando la matan. El quid del asunto. Tras echarle el perro acerca de su tardanza y escuchar las diversas excusas de turno, llegamos, gozosos, a nuestro destino. Entramos a la piscina de Yátova y vamos a la taquilla. Bueno, taquilla es un eufemismo porque donde vendían las entradas de la piscina (que también es un eufemismo), era una mesa donde habían dos o tres chavalotes y la taquillera (¿adivináis que es también eso de "taquillera"?)
Me coge la pava en cuestión, una cría de 13 a 15 años, y me dice que la entrada vale 1,50€. Vale, toma 2. Mete la moneda en el compartimento de monedas de dos euros y me fijo que se entretiene en los monederos de calderilla. Me saca la mano de ahí y me enseña una moneda de 20 céntimos, dos de 10, una de cinco, dos de dos y una de uno. Extrañando, exclamo:
- Con eso, que quieres, ¿que me haga un collar? ¿No tienes monedas de medio euro? -cuando yo mismo las estaba viendo.
- Es que me quedan pocas - me dice la artista con una mirada fulminante.
- ¿Y? Vengo a flotar, no a hundirme.
Y con un gesto de desprecio total me da una moneda de 50 céntimos. Oye, como si me hubiera dado un riñón la muy...
Pero que luego va Jose -que se estaba deshuevandillo- por detrás, con dos monedas de un euro, y la gárgola entorna los ojos y dice:
- ¿Tú también quieres una moneda de 50 céntimos?
- ... eh, pues sí. La verdad.
Y también se la da y en esta ocasión nos mira a entrambos como si estuviera mirando a dos violadores peligrosos.
Lógicamente, estuvimos un rato chanceándonos del suceso y comentándoselo a todo el que veíamos para contrastar opiniones. Y eso es todo amigos. Me vuelvo al tajo (y no me refiero al río, que con tanto eufemismo hoy, puede llevar a confusiones cualquier doble sentido que se pueda crear de una palabra).
Au revoir
Tiembla Alonso, tiembla
Y es que, amigos, he vuelto a la carretera. Y sus explico.
Más o menos sabéis que trabajo en correos. Desde hace ya un año o así en oficina. Muy brevemente y cuando me llaman, pero así es. Lo que ya no sé si sabréis es que estoy en una bolsa -muy misteriosa- donde está otra chica y nos vamos turnando. Extrañamente a ella le tocan los caramelos (contratos largos o semilargos, de 10 días a un mes) y a mí me tocan las putas mierdas de un día, dos o cuatro a lo sumo. Entonces es un suceso que ya me tiene hasta más allá de los huevos. Aunque ya paso de esto porque si me da por pensar me cabreo y eso no me gusta. Así que ahora tenemos a mi compañera cubriendo una baja de 10 días de nuevo, cuando me tocaría a mí estar haciéndolo. Pero en fin. Salió la oportunidad de repartir en un pueblo que se llama Siete Aguas (también para 10 días) y, como estoy en casa y eso, pues mi madre me achuchó a cogerla. Y, de paso, coges el coche.
Empecé ayer mi periplo sieteaguense y me ha tocado coger el coche. Ayer di dos volantazos porque estaba mirando a la palanca de marchas pa cambiar y de poco me como una farola, pero bueno. Mi madre se acojonó más el oso Yogui cuando veía al guardabosques y a mí, pues, ejem, me puso mu nervioso. Pero es que esta mañana, cojo también el coche y en un cambio de marcha -tengo que decir que la segunda llevaba ya unos meses yendo como el culo-, chop, me cargo la palanca. Claro, mi madre, más blanca que ayer a mi lado, casi rezando y yo corriendo para un taller que tenía cerca. La lástima que era de chapa y pintura y no sabían de mecánica. Así que nos ha tocado llamar a mi padre para que bajara con unos destornilladores a ver si averiguábamos una solución y lo que ha pasado es que hemos tenido que llamar a una grúa y se han llevado el coche a un taller. La mala pata es que estando hablando con la grúa ha pasado, casualmente, mi tío por donde nos habíamos quedado tirados y nos ha explicado la muy posible -y plausible- causa de la avería. Llega a pasar 10 minutos antes e igual hasta lo apaña. Pero bueno, a lo hecho pecho.
Ni que decir tiene que como al final hemos tenido que irnos con el otro coche, ese no lo he cogido. Por si acaso. Así que Alonso, tiembla. Tiembla de veras porque si me cruzo contigo... no es que te adelante ni te supere al volante. No. Es que te pego una hostia que te arranco ese cabezón que tienesssss
Agua va!
Hola hola. Vamos a reir un rato con esta oferta de infojobs que me ha llegado esta semana a mi correo. Como vais a observar, no tiene desperdicio ninguno:
Descripción
| Puesto vacante: | Programador WEB |
| Categoría: | Informática y telecomunicaciones |
| Subcategoría: | Programación |
| Departamento: | Producción |
| Nivel: | Empleado |
| Número de vacantes: | 1 |
| Descripción de la oferta: | En Nectar Estudio buscamos un programador web para entrar en plantilla, con el perfil que se detalla. Somos una empresa joven multidisciplinar ubicada en Valencia capital, multimedia, diseño gráfico, web y 3D, especializada en el sector multimedia, buscamos ampliar el equipo de producción web con este nuevo puesto. Ambiente agradable con ganas de superación y siempre intentando ofrecer productos con la mejor calidad gráfica y funcionalidad |
Requisitos
| Estudios mínimos: | Formación Profesional Grado Medio - Informática |
| Experiencia mínima: | Al menos 1 año |
| Imprescindible residente en: | No Requerido |
| Requisitos mínimos: | • Experiencia mínima de 1 año demostrable • Buen nivel de HTML, CSS y JavaScript • Dominio de PHP, MySQL y phpMyAdmin para el desarrollo de aplicaciones web como: Gestión de noticias, Gestión de productos, Carritos de compra, Datos multiidioma, Gestión de contenidos etc… • Dominio de parseo de datos y gestión XML |
| Requisitos deseados: | • Programación ActionScript 2.0 y desarrollo en Flash • Dominio de AJAX y librerías • Maquetación de páginas web, uso de Photoshop y manejo de imágenes. |
Contrato
| Tipo de contrato: | A tiempo parcial |
| Duración: | 3 meses + indefinido |
| Jornada laboral: | Parcial - Mañana |
| Horario: | 09:00 H - 14:00 H |
Salario
| Salario: | 450 € - 600 € Bruto/mes |
| Comisiones / incentivos: | Posibilidad de Jornada Completa |
Como veis, para trabajar cinco horas al día y ganar de 450 a 600 pavos al mes (brutos, que se quedarían, entre pitos y flautas, en unos 150-200 menos), tienes que ser la joya de la corona. Si os fijáis, en los requisitos mínimos te piden:
1 año de experiencia demostrable. Pongamos que yo he trabajado 10 meses de esto; no puedo de ninguna manera demostrar un año. Oh dios, que terrible desenlace. Por otra parte, como demuestras la experiencia? Te sientas al ordenador y si pones los dedos índices en la f y en la j ya está todo hecho? ¿?
Buen nivel de HTML, CSS y JavaScript. A ver. Habrá gente a la que HTML le suene porque es lo que se pone primero en una dirección web y poco más. JavaScript no es descifrar la escritura de los jabalíes ni tampoco las trayectorias de las jabalinas. Y CSS, ja, algunos la situaran en Miami y otros en Los Ángeles. De momento ya llevamos dos requisitos mínimos y tal y como estoy ahora mismo me quedo en que cumplo 0.7 o así.
Dominio de PHP, MySQL y phpMyAdmin para el desarrollo de aplicaciones web como: Gestión de noticias, Gestión de productos, Carritos de compra, Datos multiidioma, Gestión de contenidos etc… Está claro que para saber manejar todo eso hacen falta muchos años de estudio -pagado, nada de escuelas o institutos públicos- y, bueno, cierta soltura para eso de "Carritos de compra" que me ha impactado muchísimo.
Dominio de parseo de datos y gestión XML. ¿? XML me parece que son las tallas de las camisas y camisetas pero trocadas: M, L y XL. Y lo de parseo, buf, lo vi en la película "Furia de titanes" donde parseo tiene que rescatar a Andrómeda de las garras de Kraken y tal y tal. Ah! y menos mal que es sólo "gestión XML" porque si fuera "digestión XML" ya me diréis como se digiere eso.
En fin, como veis, en esta empresa tienes que saber de todo un poco, como mínimo, para poder ir a hacer la entrevista. Luego, jaja, quedan los requisitos deseados que son:
Programación ActionScript 2.0 y desarrollo en Flash. Lógicamente, aparte de tener un buen nivel en todos los lenguajes citados anteriormente, pues, bueno, saber también ActionScript 2.0 (y no se refiere a ningún guión de ninguna pelicula de acción), tampoco está de más. Además, si puedes hacer Flash pues mejor que mejor. Lo que no especifican -y ahí me cogen un poco a contrapié- es si se refieren a Flash Gordon, al flash este de hielo que venden en los kioskos o el lenguaje de animación de video Flash que se gasta ahora mucho en webs y demás. Siéndoos sincero no sé realmente que pensar, puesto que el abanico de conocimientos que tiene que tener el aspirante medio a cobrar una puta mierda de sueldo es amplísimo.
Dominio de AJAX y librerías. Por si fuera poco todo lo de arriba, te piden dominio de AJAX. Y aquí me asaltan nuevamente las dudas. No sé si se refieren al AJAX de Amsterdam (equipo que entrenaba Ronald Koeman), al AJAX pino (suavizante extinto pero que, como buen producto aún se conservará su fórmula) o AJAX de Telamón, el forzudo mitológico. Con mucha preparación podría llegar a entrenar al primero, a comprender al segundo pero nunca, nunca, repito, podría con el tercero. Más que nada porque o no existe o ya estará muerto. Este requisito es francamente difícil de lograr. Lo de dominar librerías y, por tanto, tener la carrera de biblioteconomia es algo tan nimio que no merece la pena ni que me explaye.
Maquetación de páginas web, uso de Photoshop y manejo de imágenes. Aquí se han equivocado de categoría. O sea. Este requisito no es que tenga que ir en requistos deseados, no; es que no tendría ni que existir en requisitos mínimos. Se da por supuesto que el aspirante a este grandioso puesto de trabajo debe saber todo eso ya que en pajarerías y ludotecas, por ejemplo, te lo exigen para limpiar los retretes. Y cobrando más.
Es que hay pa cagarse con todo esto.
Inauditus ille
Siguiendo con las rarezas de la semana pasada, paso a contaros lo que dio de sí el sábado. Porque también hubo polstergeists.
Ya saben sus señorías donde me dirijo los sábados noche cuando no hay plan. Bien. Pues allá que me iba en el bus de las 1.30 cuando, por afluencia infantil, me quedo en tierra. Tengo una hora. A por otra copa. Pido un Jack Daniels doble para ver que tal se porta la camarera. En el garito donde me meto para hacer tiempo en estos casos, tienen un extraño medidor debajo de las botellas donde pone 50 ml. Entonces, cuando te echan esa cantidad en el vaso con el hielo dices: "yojodo, no me bufaré, no". Así que lo pedí doble por ver si me echaban dos veces y por ver que valía. Para mi sorpresa me cobra 4,5 € que es, exactamente, lo que vale un Jack Daniels. ¿? Pues oye, no sé si eso será así o se habrá equivocado pero puse raudo pies en polvorosa. Por si acaso.
Consigo terminarme el supercopazo mientras espero el bus. Llega y, sorpresivamente, estaba casi vacío. Como se nota que en el anterior aún prevalece el descuento de 2 euros... Pero bueno. Me persono en la disco y, como siempre, nada más entrar me pido mi consumisión. Y me dirijo, también como siempre, a la sala de pachanga porque el house y eso no me va. Allí empiezo a ver gente conocida y me pongo a xarrar con unos y con otros. También me encuentro con Josa (el jardinero con el que estuve trabajando tiempo ha) y su amigo Isidro. Cuanto tiempo, patatín patatán. A todas estas, era la fiesta de las botas más altas y sorteaban unos vips para toda la vida entre las aspirantes que subían al pódium a participar. Conforme iban saliendo para someterse al "aplausómetro" -dios, que medio tan fraudulento de medida- los energúmenos que abarrotaban la sala enloquecían y berreaban como animales en celo. En celo porque si estuvieran en cinta aislante o acetona ya actuarían de otra manera...¬¬' La cuestión es que a todas las aspirantes yo les abucheaba: uhhh. Uhhh. Y claro, vino la pregunta de Josa:
- Oye, por que las abucheas?
- Fácil, porque como no van a follar conmigo...
Y éste por tierra. El otro, también. Los de al lado que consiguen oir tal comentario, lo mismo xDD.
Sigue la marcha de ir de un sitio para otro (mayormente al váter) y, zas, allá me lo encuentro. Ya sabéis también que tengo una extraña e inusitada facilidad para encontrarme pasta. Pues esta vez me encuentro pasta pero en especie: un móvil. No diré modelo ni marca por aquello de que igual el dueño (o dueña, no lo tengo muy claro) da con esta página y me busca las cosquillas pero diré que en principio quiero trastear con él para ver que tal prestaciones tiene y eso. Enseguida, mi amigo Salva (el de la radio) me dijo que se lo vendiera y aún estoy pensando también en esa posibilidad. Ya veremos. El caso es que, para celebrar el hallazgo, invito a Josa a un cubata y a Isidro a otro pero me lo declina porque conducía y tal. Pasa un rato y voy de nuevo al excusado. Es lo que tiene el endless drunking, qué le vamos a hacer. La sorpresa negativa me la llevo cuando voy de nuevo a donde estábamos y estos dos loritos no están. Me dirijo a la otra pista a buscarlos y obtengo el mismo resultado. Doy dos o tres vueltas más por todo el local y, al final, salgo a la calle para ir al coche. Horror. No estaba. Se habían marchado. Y mi chaqueta en el maletero.
Volví otra vez para adentro porque hacía frío y empecé a analizar la situación. Rediós. Traicionarme a mí. Al paladín de la noche. Al jedi de la fiesta, que sólo me faltó coger a este y decirle: Josa, yo soy tu padre... En fin. Toda la castaña que llevaba -que era interesante- se redujo a cero igual que se reduce a cero una báscula cuando te bajas y estuve haciendo tiempo hasta que vino el autobús de las siete. La verdad es que hubiera aguantado un poco más de mecha porque llevaba buena marcha pero este mazazo me descolocó. Como podréis pensar enseguida llamé, mandé mensajitos y toda la historia pero no conseguí respuesta.
El desenlace de esto es que el jueves pasado recuperé mi plumífero. El miércoles me llamó diciéndome que se puso a quasi potar de la xufa que enganchó, que se fueron para casa y que cuando podía venir a darme la chaqueta. Pues mañana, cuando pases por aquí para irte a la faena, me la das. Y así fue. A las 7.30 de la mañana del jueves me hice de nuevo con mi pelliza. Me dolió el que me abandonaran a mi suerte pero, bueno, era un motivo "razonable". Si hubiera sido por una tía, ahora mismo seguiría con el vudú para que se le cayera a pedazos el pito por cabrón.
Ah! una cosita para mis queridísimos comentaristas: no hace falta que pongais ningún mail en la página de los comentarios; salen igual.
Extrañezas de oriente
Y es que el miércoles pasado fuimos testigos de unas cosas mu raras.
Primero en clase de técnica de hombre de baile donde el profesor nos añadió a lo que ya sabíamos -que ya es, de por sí, vistoso y raro- una coletilla donde tenemos que botar, cruzar brazos y piernas y hacer esparajismos alpestres. Ya veremos qué tal se da esta noche.
Pero lo realmente extraño, de ahí el título de hoy, es lo que nos pasó en el chino. Todos sabemos que vamos a cenar al restaurante chino Lu-Cheng de Valencia tras la clase de baile (publicidad totalmente gratuita). Y allí nos ponemos las botas. También mola que, como vamos muy tarde -a las 23.30 o más-, no hay nadie o casi nadie cenando y estamos solos.
Y ahora el expediente X; el miércoles pasado, las dos camareras que nos atienden estaban raras. No sé. Nosotros, de normal, nos comportamos como si estuviéramos en nuestra casa y siempre estamos riéndonos, haciendo animaladas y tan tranquilos. Pues el miércoles pasado se sumaron a esto las camareras. Una vez pasaron por al lado de nuestra mesa y una se subió "al cordero" de la otra con lo que casi se caen al suelo y se fueron riéndose para la barra. ¿? Pero que, luego, llega Le Xin Yi -no sé si se escribirá así-, se pone detrás mío y me da una palmada en el hombro derecho. Pensándome que era Yu (el otro camarero), miro a la derecha y como no obtengo respuesta miro a la izquierda y me sale esta chica riéndose. Jose y Neus flipan en colorines y yo más aún. Incluso se generan un par de segundos de violento silencio y miradas. Se va otra vez para la barra y estos dos cabrones empiezan que si a esa le gustas, que si no sabe como llamar tu atención, invítala al cine... Como si fuera tan fácil. Y eso que, ojo, la amiga está un rato buena. Pero, buf, menudo berenjenal. Aunque sería todo un puntazo que me echara una novia china. Pero claro, hay que volver al mundo real. De primeras yo no creo que despierte el mínimo interés en ella y si es así, fffff, que marrón. Todo serían problemas.
A ver. Lo más rápido en solucionarse sería echarme ya de una puta vez el coche para ir a verla a menudo. Lo que pasa es que los camareros de los chinos trabajan como ídems y están todos los días pringando de sol a sol. Ríete de kuntakinte. Aunque, eso sí, tienen como todos los camatas del mundo un día libre a la semana. Luego el lenguaje también sería una barrera importante. Con su poco español y mi menos chino -sé decir "hola", "adiós", "gracias", "te quiero" y "que te jodan"- todo se reduciría a la mímica prácticamente. Y, el problema más importante: los amigos. A la hora de ir por ahí, claro, habría que turnarse. Si vamos con mi gente, guay pa mí jodido pa ella. Por el hablar y todo eso; yo vacilaría mil con mi novia china y ella pues, ehm, no sabría que hacer. Al revés, ja, ni me lo imagino. Metido en un local "a saber" -porque me gustaría ver donde van los chinos de fiesta-, rodeado de chinos por todas partes y escuchando lo mismo que en un restaurante pero multiplicado por mil: wichi wichi wa, tu tu tururú, cablonazo... uhh (dios, que panzá a reirme me estoy pegando escribiendo estooo). Ché, ché, que animalá.
En fin. Que esta noche volvemos a cenar allí y ya no creo que pase nada raro. Lo del miércoles pasado lo voy a achacar a dos posibles causas: una borrachera increíble con licor de floles por parte de ambas camareras o que, simplemente, ya nos están cogiendo confianza y familiaridad. En ningún caso ronda por mi cabeza la posibilidad carnal-sentimental del asunto.
Nuevos "saboles"
Hola amigos, qué tal?
Lo que me pasa con internet estos días es una enjundia. Pero una enjundia grande. O sea. Cuando voy a la biblioteca, el blog me tarda una eternidad en cargar -o no me carga directamente- y no puedo publicar y cuando voy a casa de Jose o nos ponemos a jugar a cualquier cosa o viene con "faena" pa hacer y no tengo tiempo de escribir una entrada. La cosa es que, buf, estoy ahora en un piso franco -el de Neus- en Valencia, a estas horas de la madrugada, recién venido de Tropica (Alginet) con varios cubatas encima y tengo -y quiero- publicar una cosa. A ver qué tal sale.
Resulta que este viernes pasado (12 de enero) fui a Valencia a varias cosas. Por una parte a cobrar el cheque de la empresa de seguridad para la que estuve -desgraciadamente- trabajando el puente de la constitución (véase la saga "Castigo"). Por otra, porque, con motivo de las rebajas, quería comprarme un par de pantalones. Y, por último, porque quería probar un restaurante chino que encontró Neus donde servían comida china auténtica. De las dos primeras premisas poco tengo que decir; recogí el cheque sin mayores consecuencias y me compré un par de pantalones y unas zapatillas de ir por casa que no tienen mayor historia. Pero en lo del restaurante chino está la miga. Y a ello voy.
Encuentro el local tras llamar a Jose y orientarme una vez en la zona. Entro y me endosan la carta "normal". No, no, le digo a la camarera; yo quiero la "otra" carta, la china. Y me la da. Entonces empiezo a leer los platos y a flipar en colorines varios: ensalada sai cai, ensalada gong cai, setas ocho tesoros (a saber que piedras preciosas y joyas esconde este plato), tallarines en sopa, fideos transparentes en sopa, página y media de mariscos donde podíamos encontrar desde lubina al estilo muai thai hasta caracolas y tortuga de río (carísima, por cierto) y dos platos que me llamaron la atención sobremanera: "intestino de cerdo con puerros" y "intestino de cerdo con verduras agrias" (que, digo yo, que las verduras podían ser normales y corrientes).
La cosa es que me decido por una "ensalada Gong Cai" (por mala que estuviera siempre la podía aliñar con vinagre o lo que sea y tragármela) y "ternera ámbar". La china que me atiende, tras echarle el perro a la otra camarera por darme la carta que no era -empezó hablando chino raro y me ví obligado a cortarla diciéndole que la carta esta, china, la había pedido yo y que la otra me la sabía de memoria-, asiente y me apunta la ensalada y me dice que ternera ámbar no tiene. Menos mal que no le pedí ternera roja o ternera verde. La cosa es que le pregunto por un plato -luang luagn yan yan y resultó ser una sopa- y no me convence. Así que le digo que me recomiende una carne y, en su poco -poquísimo- español, consigue balbucir "pato asado" y acepto. Así que entrega la nota en cocina y, al rato, me sacan un plato que era la ensalada (que resulta ser un plato de pasta de arroz con verduras que he comido ya varias veces en el siempre grato "Lu-Cheng"), uno con un pedazo de pato y un pequeño bol con salsa y otro con una especie de bajocas en vinagreta.
Empiezo a comer y, oye, la pasta de arroz cojonuda. El pato un poco seco y lleno de pellejos y huesos (debido a la forma en que estaba partido que en China será la bomba pero yo diría que era al tún-tún) y las bajocas, frías pero con un aliño elegante. Así que me pongo a la faena y chop chop chop, dejó limpio el primer plato, una montoná de pellejos y huesos en el segundo, y un poco de verdura del tercero (porque ya no podía más). Una comida extravagante, nueva, novedosa y cara. Pero cara de cojones. 15,75 €uronapos del ala.
Joder. Pero bueno. Oye, por lo menos varío del rollito de primavera (que a estas horas es de todas las estaciones) y demás platos "normales". Así que lleno el estómago con comida totalmente nueva y me cercioro de la hora de cierre del local por que alguna vez, tras la clase de salsa del miércoles, pensamos ir a ponernos las botas en plan oriental total.
Lo malo de la jornada es que llegué a mi casa con un dolor de cabeza insoportable. Además, el cabrón, no contento con tronarme dentro de la sesera, se pasó también al estómago y a todo el cuerpo en general. Mi madre, audaz como Swift, el zorro de David del Gnomo, (no sé porqué se escribirá con "G" pero ahí está la cosa) me suelta:
-Es que, claro, con la mierda que te comes....
Y yo, claro, más jodido que un bergantín en plena batalla naval -me acabo de terminar (por fin) "Cabo Trafalgar", de Arturo Pérez-Reverte- asiento mientras millones de alfileres agujerean mis sienes y digo, como puedo,:
-espero que esto no sea del chino...
mientras me inmiscuyo en la cama -tras grandísimos esfuerzos- para ver si caigo pronto en manos de Morfeo y así me levanto sano y salvo al día siguiente.
El trabajo de ensueño
Pues sí, señores, así es. Como habréis comprobado, no he escrito nada en esta semana pasada. Esto es, básicamente, por que estaba trabajando. Al final, vaya, me cogieron en la empresa de seguridad que comento un poco más abajo. Resulta que el impresentable al que contrataron en mi puesto, je, el primer día llegó tarde. El segundo no fue. Y el tercero, je, robó material de allí. Encima, me comentaba mi vecino que el tío acudió con un amigo suyo que tenía melena y que buscaba trabajo pero sin contrato. Imaginaos el panorama. Finiquitáronselo rápido y me llamaron a mí para una entrevista con el jefe de personal.
Me presento en la empresa y, bueno, a primera vista me mola: gente joven (muy joven, ya que no llegaba ninguno de todos a los 30 años), dinamismo, presencia... no sé, me dio muy buena impresión. Y nada. Me hacen pasar al despacho del jefe y me comenta lo que ya sabía: turnos de 12 horas, trabajar una semana entera y luego librar 5 días para volver el fin de semana siguiente por la mañana y empalmar la otra semana de nuevo entera -un poquito putadilla, pero bueno, por probar...-, salario base, horas extras, etc. Me explica también que como la faena es aburrida puedo estudiar, que no se requiere esfuerzo físico y que, claro, tampoco ninguna titulación pues el objeto del trabajo es avisar por teléfono al centro de incidencias si pasa algo. Así que me pregunta de cuando podría empezar y le digo que ese mismo día. Esto era el martes pasado, 5 de diciembre.
Llego a casa y le comento a mi vecino que ya he firmado y que esa misma noche podría empezar. De categoría, porque el cuadrante estaba hecho para que empezaras de noche y tal. Así que vamos para allá y veo gozoso las instalaciones y el equipamiento: una habitación habilitada especialmente para el vigilante equipada con un escritorio y un sillón, calefacción central, una estantería con diversos libros -entre ellos vi "la tabla de flandes" y "memorias de una geisha" entre otros- y una televisión de 21 pulgadas. Luego, había también un bar justo enfrente de este habitáculo abierto las 24 horas, un gimnasio con diversos aparatos y hasta una pequeña sauna y, para terminar (y esto es lo mejor) una sala de "ocio" con tele de plasma de nosécuantas pulgadas, equipo home cinema, máquinas recreativas y un par de billares. Impresionante. Además, como estaba al lado de una nave donde hacían viguetas y estribos todo el día (a turnos), conocí a un par de personajes de cuidao con los que me estuve riendo hablando de esto y de lo otro y, sobre todo, con las aventuras de tito, el sevillano. Ja, que cabrón.
El próximo día, contaré lo que falta.
Esta vez sí que sí
Y me remito al fin de semana, claro. Resulta amigos que, en falta total de plan -como siempre ya- estaba yo en Buñol a la una y pico sin saber que hacer y habiendo perdido el primer morocho bus. Pa postre, no había nadie de mis conocidos a mano. Y mira que tengo conocidos. Pero bueno.
Al rato, viene la avalancha de músicos de ambas bandas locales que estaban con sus respectivas cenas de Santa Cecilia. Cada uno en un sitio, claro. Y nada, me pongo con Celia (la hermana de Jose), su novio Fran y unos cuantos más que había por allí cerca. Charrando de esto y de lo otro, ñec, pierdo el segundo y último morocho bus, el de las 2.30. Uy, mal; porque encima no había encontrado a nadie que fuera para Chiva. El plan alternativo era ir a cierta zona del pueblo a hacer botellón con los músicos del litro. No es la zona de Martos (consultad el mundo de Luisma) pero es un sitio guya. No estaba mal la idea pero no me atraía demasiado. Así que Fran me dice que me acerca él a la morocha y así, de paso, nos hacíamos un cubatica en el coche. Pues de puta madre, chico. No me mola molestar pero si no te importa... y allí que fuimos y estuvimos un rato más xarrando en la puerta mientras nos hacíamos susodicho zumete (buf, de dyc...)
Entro para adentro y lo de siempre: gente y ruido por aquí, por allá y por acullá. Pero esta vez estaba mi primo pequeño. Así que voy por detrás y le quito el gorro que llevaba y me lo pongo yo. Un gesto que me gustó por parte del amiguete que estaba con él es que se me encaró con cara de mala leche. Me moló ver a los amiguetes de mi primo defendiéndole de posibles amenazas aunque, en mi caso, no hacía falta. Enseguida que les dijo que yo era su primo, oye, aquellos que cambiaron el semblante de "te mato" a "ye tío, cuanto gusto". Bien por ese aspecto.
La noche poco más dio para contar: unos cubatas y los ya clásicos "bien?" "sí" y listo. A las 6 estaba yo en la puerta del local para coger el morocho bus de vuelta. Como a las 12 había un conciertazo que te cagas por parte de los feos (sociedad musical "La Artística"), tenía que verlo. Deseaba verlo porque tocaban todo obras de Johan de Meij (grandísimo compositor) y, además, una que se llama "Casanova" que es un concierto para banda y cello que es impresionante y quería verla en directo porque en el compact, pues como que no es lo mismo. Así que a las seis y pico largo llego a Buñol y bajo del bus. Con una castaña considerable, pongo rumbo a mi casa y me llevo la sorpresa. Muchos ya sabeis que tengo la insólita costumbre de encontrarme pasta. No todo va a ser malo. Lo que pasa es que llevaba ya mucho tiempo que no había encontrado nada. Pues nada, pem, me encuentro 50 euros. Así, de golpe. Guay, me digo.
No son los 12 kilos de hongos del otro día pero, oye, la alegría fue igual o mayor y el esfuerzo físico nimio: agacharme. Así que, je, otra vez me tocó la fortuna. muahahaha
Ahora si que me faltó lo de siempre
Y es que, tras las aventuras que os he contado estos días atrás -a intérvalos por aquello de que esta semana ha sido la semana fantástica de la oliva-, llega la conclusión.
Aparecí almorzando en el bar donde trabaja mi tía. Mucha casualidad sería que un domingo a las 8 de la mañana estuviera, me dije. Y mira por donde que, pluf, entraba a trabajar.
- Qué? toda la noche de fiesta, eh?
- Sí, bueno...
- Pues tu tío se va al hongo con estos
- Pues me voy yo también.
Y nada, al hongo. Hecho un figurín (ropaje de sábado noche: camisa, vaqueros y zapatitos) que me fui para su casa y allí vi a los infractores poniéndose a punto. Mi tío también hizo alusiones al whiskacho y, claro, con toda razón. Allá que me ves, sin dormir desde las ocho de la mañana del día anterior (ya eran las 10 y pico) y enmedio del monte buscando tan preciado fruto otoñal.
Que paliza, amigos. Buah. Encima, je, era monte bajo, lleno de matorral y aliaga y escarpado. Que tocatón. Pero bueno, triunfamos. En las 6 horas que estuvimos cogimos unos 10-12 kilos de hongos. Sanísimos y buenísimos. Cuando llegué a casa tuve que hacer dos paradas reglamentarias (en casa de mis dos abuelos) para descargar un poco la bolsa que llevaba y que ya me estaba desintegrando el brazo.
Así que, este fin de semana pasado cumplí otro de mis "sueños": el de irme al hongo después de ir de fiesta. Fue una bonita -y completa- manera de celebrar mi cumpleaños que había sido el día de antes.
Mens sana in corpore sano
El sábado pasado dio para mucho. Tras hacer el examen de valenciano, volvimos para casa. Cené con mis abuelos un enorme plato de col con longanizas y me fui a los recreativos a terminar el triste partido de fútbol. Estuve romanceando por casa mirando esto y lo otro de internet hasta que se me hicieron la una de la mañana. Como casi siempre estaba sin plan. Alguien me encontraré por ahí. Y sí, alguien encontré. En esta ocasión aparecí en la morocha con unos xiquets de unos 18-20 años de aquí del pueblo. Al llegar allí nos juntamos con varios músicos que estaban de expedición (entre ellos Rafica, clarinete).
La marcha, la de siempre: de aquí para allá gritando para poder hablar y algún que otro esporádico viaje al coche a recargar. 2 euros el puto cuño. Buah. Pero bueno, pim pam y se hacen las cinco de la mañana o así. Miro a mi alrededor y no había ninguno de estos con los que me había venido. Pues al coche otra vez. Y cuando llego allí, como ya iba embalado, empiezo a hacer monerías. Se me gira Casas y me dice, "co, que está ahí la guardia civil..." cuando lo asimilo, ja, me viene el agente cara a mí:
- llevas algo en los bolsillos?
- claro, mira: cartera, móvil, dinero, chiclés... (mientras me lo ponía todo en las manos)
- ... llevas alguna sustancia ilegal? -y me abre el llavero cartera y saca una bolita de papel de plata que llevo ahí siempre- esto que es? (sigue sacando y descubre el lazo rojo que va atado ahí)
- pues eso es un amuleto que me metió ahí mi abuela porque da suerte y no sé ni lo que es. Mira, mira, a ver si sacas lo que es...
- ... no, da igual. Perdonen, es nuestro trabajo.
- tranquilo. quieres un chicle?
- ...
Y nada, se va alucinando el picoleto con el otro mientras mis amiguetes que iban como la luz empiezan también a flipar. JA!, menudo cabrón estás hecho me decían. Y no. Oye, no llevo nada compremetedor (quitando la borrachera) así que... y eso, que estuvimos un rato más por allí bambando hasta que estos se fueron y, como iban ya cinco en el coche, me quedé yo en tierra. Al tren, como he hecho ya otras veces. Lo que pasa es que, je, aún me esperaban más aventuras...
Una d'aventures
Rememorando el título que recibían las peliculicas de los sábados tarde de canal nou allá por los noventa, voy a contaros la odisea que ha supuesto mi examen de valencià mitjà.
Si volvemos la vista atrás, (concretamente al 26 de septiembre, cuando comencé mis andaduras con este nuestro blog) vemos la heroicidad que supuso llevar la instancia para este examen. Pues bien, ayer por fin hice el examen de marras.
A las 15.30 había quedado con Celia (la hermana de Jose) en su casa para ir a Llíria ya que nos examinábamos allí a las 16.30. Antes de la hora ya estaba listo. Termina de comer y mientras se toma un café voy al ordenador a buscar en un mapa-callejero para ver donde estaba el instituto donde debíamos ir. Lo encuentro aunque yo ya sabía más o menos por donde estaba ya que en mi etapa como jardinero trabajé en Llíria un tiempo y más o menos me la conozco. Nos enredamos con los retoques de última hora y nos ponemos a hacer un ejercicio de pronoms febles que era lo que llevábamos más flojo.
- Va, que nos enredamos y aún haremos tarde - le digo a Celia.
Y salimos para allá cuando eran las 15.50 o por ahí. Como de tal palo tal astilla pero en este caso de hermanos, a Celia se le olvida el justificante en su casa y a la altura de Cheste tenemos que pegar la vuelta para cogerlo. Total, que a las 16.00 o así reiniciamos nuestro viaje. Llegamos a las 16.25 a Llíria. En cinco minutos teníamos que encontrar el instituto, aparcar y buscar el aula donde nos tocaba etc.
Al llegar al pabellón municipal de allí, le preguntamos a un municipal por el instituto en cuestión. El muy cabrón nos manda en la dirección opuesta a la que es y nos encontramos con el juzgado y no sé qué más. Así que, si ya de por sí íbamos justicos de tiempo, echa a correr como una liebre buscando el ya dichoso instituto. Tras preguntarles a varias personas nos hacemos con él. Llegamos a la puerta de nuestra aula (cada uno en una) a las 16.40. Como, dentro de lo que cabe, los examinadores son humanos -y nosotros llevábamos una sofoquina inmensa tras los 500 metros marcha Llíria- nos dejan pasar aunque ya habían explicado todo el mecanismo del examen. Así es que, si ya íbamos perdidos, ponte a hacer la prueba a palpón.
Tampoco era muy difícil porque era parecido a los ejercicios que estábamos haciendo estos días atrás: rellena los huecos, corrige si hace falta, escribe una redacción y poco más.
El resto de la historia lo contaré mañana (y así, de paso, me ahorro un día de pensar que escribir) je
Sálvate, rapaz
(viene de ayer)
Mi plan era ir a la estación de tren y esperar allí una hora hasta que saliera el primero para dormir en casa pero Winrar no estaba por la labor. Prefiero dormir y tal. Pues nada, al piso de estas mujeres (porque había dos) porque a mí solo como que no me apetece irme pa estar aburrido. Llegamos a la finca y no había mucho aparcamiento a la vista. En un hueco minúsculo, Winzip –que conducía porque, increíblemente, se le había rebajado la mona- mete el coche. Tocando al delante y al de detrás. Justísimo. Pero, ah amigo. Bajo el primero y veo una cosa que no mola: había metido la bola del remolque de su coche debajo del parachoques de un ford ka que había detrás. Pero metida a conciencia. Empieza a tirar un poco para desatascarla y casi se carga el parachoques del insignificante vehículo. Te ves allí la estampa: tres aprendices de brujos pedorros (en progresión geométrica donde el menor era yo porque había ido con mucho tiento) y dos chochonas, a las siete de la mañana, con el sol clareando por detrás y levantando a pulso un coche para desatascar la bolica del remolque. Tras varios esfuerzos lo conseguimos y se queda el coche empotrado –literalmente- entre estos dos. Mañana veremos que pasa. En la lejanía (unos 40 metros) vemos una calle donde podría haber aparcado perfecto. ¬¬’ Pero bueno, ahora nos vamos a ver si dormimos un rato.
Entramos al piso y descubro, para mi asombro, que era donde el doctor Frankestein hacía sus experimentos. Mamma mia. Un piso que tendría 50 años, con unas paredes que parecían papel de fumar (por su textura, color, grosor, etc), amueblado y pintado al estilo que se llevaba cuando Franco era cabo... en fin, que era la seguda parte de la huronera de fallas pero con un par de camas, un sofá y dos sillones. Encima, ja, el piso no era de esta mujer; se lo habían dejado. Hacemos repartición de bienes y yo decido quedarme con los sillones. Ché, que Winrar duerma “bien” que a mí igual me tiene. He dormido en sitios mucho peores: en el suelo encima de un fino saco, en un bancal de nispereros, jugando al truc...buah. Con estas cosas me entero, cada vez más, de lo hombre, de lo duro que te hace el ir a tocar por ahí.
Tras el buenas noches, el tenéis lo que sea en la nevera, que mal vais a dormir y el quereis algo más, nos dormimos. Enrollado como un canelón, con una manta que había por allí, me duermo sentado en un sillón y con las piernas en el otro. Después de lo que me parecieron varias horas de sueño me levanto pa ir al váter. Había dormido una hora escasa. Mi plan secundario era levantarme a eso de las 9 y media y llegarme a la estación para volver a casa pero estaba demasiado cansado. Desisto y me vuelvo a enroscar como una mamba negra en los sillones. Ya peor, no del tirón y escuchando todo lo que sucedía en los demás pisos de la finca, dormito hasta las diez y media que es cuando aparece Winzip hecho un trapo -se había levantado a arrojar dos veces- y me sugiere de irnos. Pues casi sí. Despertamos a Winrar que estaba durmiendo de puta madre y nos vemos de ese piso terrible y cochambroso. uhhh
Aquelarre sabadil
Y así es como podría definirse la noche de este sábado pasado. Que pasote de surrealidad.
A ver. Como viene siendo ya costumbre, no tenía ningún plan para esa noche. Jose estaba tocando fuera y de los demás no sabía nada. A la morocha en el morochobus me toca ir. Pero no. Veo a dos amigos, a los que bautizaré como winzip y winrar en este artículo, y logro adosarme a ellos para ir a Momo, en Mislata. Winzip ya iba puesto etílicamente a eso de las 2 que es cuando salimos para allá. En el viaje aún se atizó un par de cubatas más. En el párking nos esperaban dos amigos de Valencia. Con un frío del copón empiezan estos con el botellón. Como bebían absolute y yo soy de wiskacho pasé de unirme a la causa.
Entramos a momo. Winzip ya iba como la luz. Winrar, que tenía que conducir para la vuelta, iba más tranquilo. En la primera barra, mientras esperábamos nuestros zumos, oteamos el asunto. Gente así como más mayor de lo normal que, supusimos, habían ido de cena y tal. Total. Que ponen una canción salsable y hago cuatro monerías. Rápidamente veo como dos buitras –de unos cuarenta tacos- empiezan a hacerme luces y jijis y jajas. Uy, corre. Sálvate. Huyo entre la multitud y pierdo de vista a esas señoras. Que susto. Uf.
En estas que empieza la ceremonia mágica del aquelarre; todos alrededor de una hoguera empezamos a hacer cábalas y conjeturas. Winzip, erigido como sacerdote supremo (por la chufa suprema que ya llevaba), sugiere que si pilla cacho nos deja a los demás miembros de la orden en Valencia y que ya nos apañaríamos. Sí, tranquilo. Risas.
La cosa es que nos desperdigamos un poquito y cuando volvemos a encontrarnos otra vez todos, vemos que era la noche de la magia. Una antigua leyenda hizo que se cumplieran nuestras habladurías más difíciles. Bueno, las más difíciles no porque hubiera sido que yo hubiera pillado. Pero casi. La misma señora mujer que me había hecho ojitos al entrar estaba enredada con Winzip. Rediós. Total, que al final, nos vamos a Valencia.
(esto sigue mañana...)
Mano dura
Sin paños calientes. A quemarropa. Es el método más eficaz contra todos los males. Y me explico.
Ya sabeis que doy clases de informática a niños, porque os lo conté el otro día. Pues bien, estos niños me han salido más malos que los otros que tuve tiempo ha en Cortes de Pallás. Y lo son porque disponen de más medios que los otros: tienen internet en el aula. Aparte de que la vida está cambiando -a mal, claro- a pasos agigantados y estos nenes ya se están corrompiendo por la sociedad de mierda en la que vivimos. Pero bueno. Al ajo.
La cosa es que ya llevo tres clases con ellos y el otro día tuve que ponerme en plan poli malo para que aquello no fuera la loca academia de policía. También influye que soy demasiado responsable; si yo recibo un dinero -en este caso poquito- por enseñar, quiero que mis alumnos aprendan. Si éstos se meten en internet a mirar chuminadas y hacen que los de al lado se distraigan, lógicamente, allí no aprende nadie. Así que, requerí la atención de todos los infantes que tenía conmigo y les canté las 40: a ver, nenes, aquí me parece muy bien que haya gente que se meta en internet y que haga lo que quiera, pero que sepais que en el examen que voy a pasaros de aquí a 2 semanas el que me suspenda con menos de un tres ya no volverá a entrar a esta clase nunca más.
Oye, mano de santo. Los tres o cuatro "problemáticos" dejaron de navegar y se pusieron a rellenar la hojita que les pasé. Bueno, uno no; tengo uno, que aparte de cara de tonto es que creo, sinceramente, que es tonto. El pavo me llega, se pone el auricular tipo telepizza y se mete en internet y hace lo que le da la real gana. Fijaos que en tres semanas que llevamos en el ajo no sabe ni como me llamo. El cabroncete me dice "señor". Hay que joderse.
Le comenté esto al padre que lleva lo de las actividades extraescolares y estuvo muy de acuerdo conmigo. Yo voy a dar clase a unos niños, no a regentar un cibercafé. Hablaré con los padres que haga falta para dar de baja a los que molesten y listo. Estoy pensando seriamente en hacerme una chapa, un pin o algo para ponerme en la camisa que ponga "Educator" jo jo jo...
Abrazos gratis
El otro día, Ana, en un comentario me dijo que qué opinaba de esta campaña. Le contesté que tenía que pensar un poco y que le dedicaría un artículo. Allá va.
En principio, me parece una idea curiosa y divertida. Pero con salvedades, y me explico. Como novedad me parece muy visual el que vayas andando por la calle y te encuentres con este "abrazadero". Para romper la rutina de ver caretos cansados que miran al suelo y eso, viene muy bien. Hasta me lanzaría yo también a abrazar a un ninote de estos si el día lo requiriera.
Pero claro, ahora viene el caso contrario. Imaginemos que yo voy andando y me viene uno de estos a darme un abrazo. Aquí pueden pasar varias cosas:
1.- Si es chica y está bien me dejo abrazar y lo haga falta.
2.- Si es chica y no está bien (o sea, es un monstruo cavernoso (fijaos mi amplio abanico de posibilidades)), uhh, le hago una finta como en balonmano, acelero el paso, me pierdo entre la multitud y al día siguiente lo cuento en el blog con pelos y señales pa que nos ríamos un rato.
3.- Si es un maromo, pues, más o menos lo que en el caso 2 con la salvedad de que si se pone pesado y me caza, él me da un abrazo gratis. Yo le doy dos hostias gratis, salimos en los periódicos, en el blog y del cuartelillo cuando terminamos de arreglar papeleo. Tras esto último le vuelven a caer dos hostias gratis más al pavo por payaso.
El lado oscuro de la fiesta
Al igual que en la saga de Star Wars donde había un lado oscuro de la fuerza, en la vida real hay un lado oscuro de la fiesta. Bueno, de todo HAY un lado oscuro pero hoy me centraré en el de la fiesta. Y por fiesta no me refiero a mi coche ni a los ford de ese modelo sino a salir un sábado noche o día gordo como pueden ser nochebuena, nochevieja y las fiestas del pueblo de uno.
Siempre que salimos tendemos a hacer cosas que de normal no hacemos (o lo hacemos poquito) como por ejemplo beber, fumar, escuchar música, etc. No sé yo si aún conservamos el espíritu Dionisiaco (o Baconiano, como queráis llamarle si sois más partidistas de griegos o romanos (yo de romanos, por lo que pueda pasar)) o qué pero siempre intentamos exprimir al máximo una noche de fiesta. Y ojo, que eso a mí me parece muy bien. Lo que ya no me mola tanto es cruzar la frontera del bien y el mal, entrar a la parte negra, a la ofuscación festiva.
El sábado pasado, tras pasarnos una cosa tipo película de Alfredo Landa, nos personamos en la discoteca Gurú, Paterna. No habíamos ido nunca y habíamos escuchado que estaba bien y demás. Cierto es: la disco estaba bien con sus pistas, su terracita y su música. Lo que pasa es que allí la gente iba como jabalís desvocados; o sea, a empellones, tropezones y codazos. Hubo un momento en el que faltó el canto de un euro para ponerme a dar hostias a diestro y siniestro. Que estrés.
Pero lo realmente malo de irse de fiesta es cuando alguien -generalmente una tía de 16 a 20 años- se pasa mucho. O sea. A las tres y poco o así vimos a una tía que iba en blanco y negro de la chufa (esperemos que solo chufa) que llevaba. La amiga no se separaba de ella y le animaba a tomar el aire, descansar, vomitar y demás. Silvia esto y Silvia lo otro. Pues si que ha apretado Silvia, dijimos y nos fuimos a patrullar otra vez por las pistas. A las seis y mucho que nos íbamos, vimos llegar una ambulancia a toda pastilla. Uy, algo gordo. Como todos sois unos hachas (olé por mis lectores) adivinareis que se trataba de Silvia. No sabemos a ciencia cierta lo que ingirió pero le cayó mu mal. Parecía la niña del exorcista porque no dejaba de decir tacos, agredir a los camilleros y vomitar. Con lo que acojona el anuncio de las drogas de ahora...
Así que, amigos, cuando veo eso se me cae el alma a tierra. Ver como se puede llegar a tan malos extremos cuando, por lo general, sales a pasártelo bien y echarte unas copichuelas. Desgraciadamente lo tenemos sábado sí sábado también y no parece que vaya a cesar. Paciencia.
Y bueno, otra cosita mala que tienen las fiestas es cuando los gallitos se pelean por tonterías. Se forma un corro tipo tekken alrededor de los luchadores y ves como les va bajando la vida poco a poco. No llega a los extremos de lo anterior pero es muy molesto cuando te ves tú directa o indirectamente involucrado en el combate.
U
Con presión, como siempre
Y es que, hasta para escribir este artículo, tengo la presión encima. Na menos que me pensaba que no iba a escribir hoy y tal por falta de tiempo (que no de ganas) pero, al final, sí que lo estoy haciendo.
La cosa es que, hará media hora que me ha llamado el representante del apa (me niego en rotundo a poner el nombre que tiene ahora esta sociedad de padres) del colegio Cervantes de aquí de Buñol. Para los que no se acuerden o no lo sepan, por aquello de las clases de informática vaira que tenía que darles a los nenes en horario extraescolar. Así que, mañana, a las 15.00 h. empiezo con los niños más pequeños de 3 a 7 años y el jueves, aún no sé a que hora exactamente, la clase con el resto de churumbeles. Unos 15 o así. Tengo dos grupos un tanto dispares de alumnos pero, bueno, es lo de siempre: rápido, con estrés y sin tiempo para prepararme pero allá que estaré como un campeón (el campeón que soy, vaya). Encima, esta mañana he llevado mi cpu a reparar a la tienda y me han dicho que hasta el viernes no me llamarán para decirme que tiene. Me tocará tirar de material manual y, fuaf, ya veremos que tal sale el asunto.
Sea como sea, y como siempre, os mantendré informados de mis evoluciones sean o no favorables. Eso sí, ahora, como no dispongo de ordenata propio no sé si podré seguir escribiendo a diario por aquí. A vorem q pasa
Los peligros del autobús
Desde hace ya varios años, en el pueblo gozamos de un servicio de transporte público. Un par de autobuses de la EMT (Encarna Martínez Tomillo) que dan la vuelta por todo el pueblo. También hay un par más de buses para los empleados de la valenciana de cemento y eso.
Recuerdo que el primer mes que estuvo en vigor este servicio, el viaje era gratis para todo el mundo. Especialmente recuerdo un día que llovía a cántaros y hacía un frío del copón y estábamos en la parada que hay a un minuto de mi casa un grupo elevado de gente esperando el autobús porque nos hacía muchísima falta. Gracias a unos cuantos hijos de la grandísima puta que no tenían nada que hacer más que dar vueltas porque era gratis, el autobús iba lleno hasta los topes y no paró a recogernos; los que esperábamos con ahínco de su llegada y servicio nos empapamos un poquito más y nos acordamos de todos los familiares de los que iban dentro.
La guagua (que es como llamamos comúnmente al autobús y es curioso porque lo llaman así en Canarias) pasa cada media hora por las paradas. El viaje empezó costando 50 pesetas que luego fueron 60, 75, 100 y, con la llegada del euro, 0,6 y 0,75 que creo que es lo que vale ahora. Disponemos de bonobuses para que salga más rentable el asunto: uno rojo para adultos, uno verde para jóvenes hasta 18 años (que es el que gasto) y uno naranja para jubilados y "gente especial". Esto son la vida y milagros del autobús de Buñol.
Pero ahora pasaré a lo que da nombre al título de hoy: el viaje que hice el miércoles pasado. Siempre me siento en el asiento de ventanilla de la tercera fila de asientos dobles a la izquierda conforme entras. Siempre que puedo, vamos. Tengo una especie de "rellano" donde puedo estirar las piernas y tengo el timbre de parada solicitada a mano. Si voy con alguien me pongo a xarrar y si no me pongo el emepetrés y ya llegaré al sitio. Este viaje iba solo y me puse el mp3. Como la radio del bus estaba muy alta tuve que centrarme mucho en mis oídos para apreciar mejor los pasodobles que iban sonando. Miro a mi izquierda y en la otra fila de asientos estaba sentado un zumbado al que se le conoce por boquerón. Imagino que en vuestros respectivos pueblos y ciudades hay también algunos de estos zumbados que van desde el clásico tonto del pueblo hasta el que se queda pillado por la droga. Éste era de la clase 2. Pero bueno, él en su sitio sin molestar a nadie y los demás en los nuestros. No pasa nada. Lo malo es que en la siguiente parada, ñas!, se me sienta al lado un gitano que tendría unos 16 años y se pone a hablar con él. No podríais ni imaginaros en vuestras peores pesadillas la peste que echaba el gitano este de los huevos. Buagh! Revolviéronseme las tripas y todo: un olor agrio como a podrido, tabaco y rancio. A escala natural: 1,55 m y unos 50 kilos. Que pestilencia. Ahora tenía que anular también el sentido del olfato para que no me diera algo. Menos mal que tengo aquí mi mp3... chán! (puñalada) justo detrás del calorro iban dos viejas que tenían ganas de hablar. Se sentaron detrás y empezaron su conversación que pudieron seguir todos los asistentes al autobús así como los peatones que iban andando por donde éste pasaba. Rediós que escándalo. Como las madres que os contaba el otro día pero al cubo. Ahí ya si que me tuve que quitar el emepetrés porque el pobre ya no podía con tanta presión.
Así que, allí estaba yo con un gitano cuya hedor haría que nunca volviera a crecer la hierba por donde pasara (como Attila pero no en el mismo contexto), dos arpías detrás gruñendo escandalosamente y el autobús que nunca llegaba a mi destino. Que largo se me hizo el viaje. Encima, todas las mujeres que había por allí eran feas con lo que tampoco podía distraer mi vista. Ye, se me ha puesto hasta dolor de estómago de recordar esta terrible odisea. Ulises a mi lado es un gay con un tobillo roto. Como eché de menos cuando se me sienta al lado una vieja (que también me pasa a menudo)...
La bajeza hecha realidad
Y es que, resulta que ayer me fui a adecentar el ordenador de mis primos. Me llamó mi tía la semana pasada diciéndome que se iban a comprar un ordenador y me preguntaba que qué tal por unos equipos que estaba mirando en un catálogo. Como pizca más o menos eran iguales los dos o tres que me dijo y no se eran caros le dije que cogiera el que quisiera. Vale.
Pasa una semana y me llama anteayer para decirme que ya tenía el equipo en casa y que, cuando pudiera, me pasara por allí a instalarle el güindous y el ófis. Pues ahora luego iré, porque estoy aquí en casa sin hacer nada. Llego allí y me veo el pantallón plano de 19' que se había comprado y el ultramoderno equipo. Nada más llegar pregunto que era esa tapa de plástico que cubría el frontal del cpu y me dice que era para protegerla. Poco la protegió porque cuando le puse la mano encima para apartarla, crec, voy y la rompo. x_x
Tras esta pequeña intervención -que luego solucionamos encasquetando de nuevo la pieza- arranco y me dispongo a instalar cositas. Le dije a mi tía que pidiera nada más dos particiones y que no le instalaran nada pero, ñas, me encuentro con el ubuntu. ¿? En fin. Observo que tanto el ratón como el teclado son wireless, inalámbricos. Que modernos. Tiro a poner el cd y el teclado no iba. Que modernos y que malos, pienso.
El teclado parecía una enorme pastilla de jabón con letras y números impresa; carecía de luces que indicaran que estaba conectado. Así que tras probar a acercarlo al chirimbolo que traía (de donde salían las ondas y tal que lo hacían marchar) y ver que tampoco iban, mi tía llama a la tienda donde lo compró (que está a cinco minutos de su casa) y mi primo y yo nos vamos con teclado, ratón y chirimbolo para allá, a ver que pasa que esto no va. Nos atiende un tío que me coge la caja donde iba todo sin articular palabra y se mete para adentro a probar el asunto. Al rato nos llama para que nos metamos al cuarto oscuro donde estaba y lo que no iba eran las pilas. Pues no sé yo para que tanta tecnologia y tanto fashion aspect para que las pilas, el segundo día no vayan. No, es que esta promoción es así patatín y patatán. Ya. Así que el pavo, cuando ya nos vamos a ir, atentos, coge el teclado, le da la vuelta y le quita las pilas que había metido él para probar y me intenta encasquetar un cargador. Pero rata, dame las pilas y ya está, que te han comprado ese equipo hace 2 días! Pero bueno, así fue.
Por si lo queréis saber donde fue esto, fue en ipu (leído al revés, que no quiero que ahora vengan a quejarse los de la cadena y sus fans como me pasara con otra cosa que escribí hace tiempo referente a un presentador y tal).
Ah! no me va el ordenador. Ni me arranca. Me va a tocar llevarlo cuanto antes a reparar...
Somos unos huevones
El otro día, en el blog viejo os comentaba lo contento que estaba con las instalaciones informáticas del colegio donde voy a dar clase (información aquí ). Pues se supone que tenía que empezar hoy a las 12, pero no. Resulta que el martes tuve que ir al centro para la reunión orientativa con las familias. En lugar de eso, parece que fui a las elecciones porque tanto a la monitora de predeporte (delgadita pero más preta que una morcilla de la jarra) y a mí nos sentaron detrás de una mesa donde íbamos apuntando los nombres de los niños que se habían inscrito en nuestra actividad. Alguna madre me preguntaba que iba a dar en mis clases y con dificultades se lo explicaba. Dificultades digo porque no os podéis ni imaginar lo que es estar metido en un cuartito pequeño lleno de madres que hacían cola para apuntar a sus nenes a esto o lo otro; como si estuviera en un gallinero: cuo cuoooo cuuo cuoo
Hubo un momento en el que pensaba que me moría; tenía detrás de mí a dos madres (a ver cual de las dos chillaba más) que no me dejaban oir nada de las otras madres a las que estaba haciendo caso. Pero bueno, pasado el huracán, nos quedamos ambos monitores y el padre que llevaba el tema hablando. Miramos las listas de alumnos y yo tenía 23 y la otra chica 8 o así.
El problema ahora es que 20 de mis futuros alumnos estaban apuntados para jueves por la mañana y los otros 3 para miércoles por la tarde. Mala casualidad es que los jueves por la mañana sólo puedo disponer del aula una hora. Los grupos tienen que ser de 10 niños al estar comprendidos entre todas las edades. Alternativas posibles que propongo: dejarme dos horas en vez de una los jueves, empezar a las 17.00 h de cualquier día, hacer un grupo de 12 a 13h y luego otro de 14 a 15... pero todas en vano porque la gente no quiere. O sea. La finalidad de mis clases de informática es otra que la de que los niños aprendan; la gente quiere que yo haga de canguro para que los churumbeles no estén de doce a una corriendo y jugando. Tócate los huevos.
Me quedé a cuadros cuando el encargado de las actividades me lo dijo. Flipante. Claro, el fondo es guay: informática. Le endosamos los nanos a este y, oye, si de paso se quedan con algo de ordenadores, eso que se llevan.
Así que lo que hicimos fue lo siguiente: mi primera idea era la de quedarme con los 10 niños más mayores en caso de hacer un solo grupo. Esto reduce mi paupérrima jornada laboral a la mitad pero, bueno, algo es algo. La segunda opción es que se intente hablar con el responsable del aula para poder utilizarla otros días y así mantener esas 2 miserables horas semanales.
Sea como sea, al final del puente este del pilar que se aproxima, me llamará este hombre para decirme como queda la cosa.
La del sábado pasado

Como ya era costumbre en el antiguo blog, voy a contaros mis peripecias y hazañas del sábado pasado. La verdad es que no es un suceso de mucha importancia; pero como siempre me pasan cosas curiosas, contradicciones al 120% y barbaridades a ojos de cualquier humano normal, pues allá voy.
Sábado 23 de septiembre, por la tarde. No tenía ningún plan (y tuve toda una semana para organizármelo). Jose estaba tocando en los moros de Altea. Con Antonio ya no cuento porque hace mucho tiempo ya que se cortó la coleta "festera" para irse los domingos a hacer bicicleta. Hay gente más extraña que yo. De Jonatan no sabía nada. De Salva o cualquier otro con el que yo me haya ido de fiesta alguna vez, tampoco. Mal asunto, macho. Pasan -y pesan- las horas. A las 00.30 o así, me voy ya a ver si encontraba algo a lo que cogerme.
Primera vuelta de reconocimiento: Jonatan y un par más de amigos se iban a ir a la archiconocida Bsd de Chiva pero más tarde. Salva y compañía iban a ir en un rato. El primer autobús pasaba a la 1.30 y ya eran casi. Solución: les digo a todos que me voy en el bus (como ya he hecho otras veces) y que nos veríamos por allí. Vale.
Croc! Como era el cierre de temporada y con la entrada daban 5 consumiciones (aunque también valía 20 € del ala), el autobús de la 1.30 estaba ya lleno cuando llega a Buñol. La puta, que gentío. En fin, vuelta a mis dos posibles alternativas.
Cata-croc!, caigo de más alto. Salva y cia eran cinco y se iban ya mismo. Quedaba Jonatan. Tampoco. Ya eran también 5 y seguían yéndose más tarde. Viéndome condenado a quedarme en los tristes pubs locales, voy a uno a probar fortuna. Al "siga buscando" de los rasca-rasca de las papas. Veo a un chaval con el que también me he ido de fiesta una vez al menos y esa noche no salía porque tenía partido a la mañana siguiente. Otros con los que también me fui, estaban pero buscando coche también para acoplarse. Vamos, que más negro que nunca. Aquí te quedas esta noche, amigo. Bébete por lo menos un cubata (de 2 ó 3) aquí y prepárate para acostarte más pronto que nunca.
Me cepillo el cubata y me dirijo al otro pub ya sin esperanza ninguna. Deambulando. Pululando. Allí me encuentro con Antonio y me cuenta la última que, si acaso, ya contaré otro día. Ya en la calle, casi que me iba pa casa, ÑAS!, aparece Marcos (McCauly para los amigos pq de niño era idéntico al de "Solo en casa").
Oye mira, que salgo ahora de currar de una boda y si te quieres venir a la bsd, que hay sitio.
Impresionante. El chaval vino a mí como el que tiene 3 cuatros en el truc.
Voy a ducharme rápido y ahora te recojo.
Encantado, oiga. Así que, para allá que me fui al final con él y dos amigos más.
Entramos a la bsd y, bueno, que llenazo. Claro, con 5 consumiciones nadie se molesta en ir al coche a recargar. Sobre las 3.15 - 3.30 que llegábamos. El primer cubata, a las 4 por aquello de que las barras estaba atestadas de gente que más bien parecía manadas de hienas disputándose un trozo de carroña. Buf, vamos a perder dinero hoy porque no vamos a poder hacernos ni los cinco cubatas de la consumición.
También me equivoqué, ché. No sólo me ventilé los cinco cubatas que tenía en mi poder, sino que, revoloteando por aquí y por allá, aún me saqué cuatro consumiciones más. El resultado es que a las ocho y poco nos íbamos de allí (donde aún quedaba gente (bueno, más bien subgente)) con un castañón como hacía tiempo que no enganchábamos. Que burrada... (casi tanto como la imagen de hoy xDDD)
La odisea de entregar un papelajo

Ayer, en el blog que voy a dejar de gastar porque no va bien, os contaba como solucioné un pequeño problema que me surgió a la hora de decidir la ciudad donde me examinaré de valenciano Mitjà. Pues bien, esta mañana he ido a llevar el papelote a consellería.
20 minutos de autobús urbano para ir a la estación -ya subí bastante la "cuesta roya" cuando iba al instituto a pie como para volver a hacerlo- y una hora de tren hacen que, vualà (que no sé francés), de mi casa me plante en el centro de Valencia. Ahora al metro; una parada hasta donde tengo que hacer transbordo y luego, en un metro totalmente tercermundista, dos paradas más.
"Ding dong dang, próxima parada Campanar" Aquí me bajo. Con mi emepetrés en la oreja y escuchando El tito, me persono en el edificio de consellería. Veo un cartelón inmenso donde leo:
- Biblioteca
- Arxiu
- Junta qualificadora de coneixements de valencià
Y todas las flechas indicaban para el mismo sitio. Pues allí habrá que ir. Me quito la música y las gafas y voy siguiendo las flechas, como Emilio Aragón. Giro, recto, doblo y me planto en una ermita muy "a lo moro" y un edificio que había al lado con las ventanas enrejadas. Busco una puerta para entrar y encuentro una que había cerca. Pero cuando meto el morro y veo lo que había: un tablón cruzado desde el techo hasta el suelo, botes de pintura, cajas de material y nadie cerca, me digo "uhh, que cosa más rara". Vuelvo sobre mis pasos y cuando me dirigía a la recepción en el edificio central a ver que pasaba, veo a una chicona que iba hacia el sito de donde venía yo y portaba unos papeles en la mano. Cuando logro distinguir que se trata de la misma instancia que la mía, le pregunto.
- Sí, es allí, al lado de la ermita
Y mientras voy con ella para allá, le explico el panorama. Cuando llegamos a la puerta entramos y la chicona alucina.
- Pues porque me lo han dicho que era aquí, que sinó...
Y nada, entramos y le atienden primero a ella. Deja el papel y se va como una bala a dejar otra cosa y luego me atienden a mí. En un minuto aviado.
Vuelta atrás en el tiempo: metro tercermundista, metro bueno y tren, y como en la peli stargate, tururururururururururaaaaa taca taca tá, en casa.

